26 de agosto de 2009

Pedir peras al olmo


Un empresario tiene que transformar lo inseguro en seguro. Eso forma parte de su oficio. Los pedidos entran o no entran, los beneficios llegan o no llegan, los gastos suben o suben todavía más... Todo eso es inseguro, es voluble, es variable. Pero los salarios, no. Los salarios son seguros. Los salarios hay que pagarlos caiga quien caiga, sea invierno o verano. Igual que las facturas, los créditos o los impuestos.

Y el que no lo consiga hacer, el que no consiga generar una mínima seguridad a sus clientes, a sus proveedores, a sus trabajadores, a sus accionistas y a la sociedad en general, el que no consiga transmitirles una confianza suficiente en la viabilidad de su negocio, ése nunca será un verdadero empresario.

No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Entre otras cosas, para poder hacerlo, cada empresario debe comprometerse al nivel de seguridad que pueda garantizar. Ni más ni menos. Si se queda corto, corre el riesgo de arruinar una buena idea por falta de inversión, por desinterés, por cobardía. Pero, si se pasa, y crece demasiado rápido, puede acabar matándola de éxito. Un empresario que no se arriesga no es un empresario. Pero un empresario que se compromete a más de lo que debe, deja de ser un empresario para pasar a ser un temerario.

'Dimensión óptima de negocio', así es como se conoce, en plan elegante, ese punto de equilibrio tan difícil de alcanzar. Y no hay fórmulas mágicas. Por una parte, como digo, se trata de convertir ideas en proyectos, conocimiento en dinero y talento en resultados. Y, por la otra, se trata de hacerlo en la proporción adecuada.
En esta vida no hay nada absoluto (salvo la muerte y los impuestos) y por eso resulta absurdo pretender que los empresarios ofrezcan garantías infinitas cuando a ellos nadie se las da. Por eso, como empresario, me atrevo a darles un consejo: no lo intenten. No le pidan peras al olmo. No fuercen a los empresarios a garantizarles lo que no les pueden garantizar.

Hace años, un escritor conocido me contó cómo un editor, más conocido todavía, estaba muy interesado en ficharle para su sello. Lo llamó, lo citó en su gran despacho y le dijo:
«Quiero que trabaje usted para mí. Pídame lo que quiera. Le puedo firmar un quince o un veinte por ciento (del porcentaje de ventas para derechos de autor). Pídame lo que quiera, que se lo firmo ahora mismo... Pero, eso sí: tenga usted muy presente que yo siempre le pagaré un diez».

Es difícil decir las cosas más claras. El compromiso real, el que se puede asumir, llega hasta donde llega. Y la habilidad del trabajador está en conocer esos límites: los suyos y los de la otra parte. Bueno, como en cualquier otra negociación. Y una vez que se conocen esos límites, hay que saber asumirlos y hay que llegar a un acuerdo. Y entonces sí: entonces es el momento de exigir el cumplimiento de lo pactado.

Yo sé que mucha gente, cuando oye eso de la moderación salarial o de la flexibilidad laboral, piensa que son estrategias de los de siempre para seguir exprimiendo a los de siempre. Que son faroles que se echan los negociadores de la patronal para conseguir condiciones más ventajosas frente a los sindicatos, ahora que hay crisis. Sé que mucha gente cree que la moderación salarial sólo se aplica al sueldo de los currantes y nunca a los beneficios de los propietarios. O que la flexibilidad laboral consiste en que los jefes puedan despedir a cualquiera, sin tener que pagar indemnización alguna, y así tener a todo el mundo bien domesticado. Yo, todo eso, ya lo sé. Lo que no sé es si tenemos igual de claro que, como sociedad, si seguimos empeñados en no hacer caso de nada de lo que digan los empresarios, si despreciamos todo lo que están haciendo, y si les obligamos a asumir aquello que no pueden asumir, es probable que nos estemos perdiendo todo lo que pueden asumir y mucho de lo que les podríamos exigir.

Claro que, a quién le importa lo que digan o hagan los empresarios, si para lo único que valen es para crear empleo...

1 comments:

Anónimo dijo...

hOLA D. Inaciu:

no sé si tendría usted que haber estudiado filosofia.
Yo siempre creí que cuando alguien forma una empresa lo hace con el fin de ganar dinero para el (logico).
Usted plantea la invariabilidad de los sueldos es una remora para los empresarios. si le damos la vuelta a la tortilla y planteamos que los sueldos suban en función del incremento del beneficio empresarial. esto es como la paga de beneficios, ya que no conozco ninguna empresa que la pague según los beneficios reales.
EL 90 % DE LOS TRABAJADORES ACEPTAN REBAJAS DE SUELDO PARA PODER MANTENER EL EMPLEO, la inmensa mayoría de la gente cuando las cosas ven que van mal objetivamente pues "swe mojan el culo".
Lo que más me irrita es que cuando las cosas inva bien (se estaba labrando en batacazo de la construción y de la economía del pais). nadie de sus colegas y de los liberales que propugnan el "despido libre" (bueno, libre ya lo hay ahora), nadi lo dijo cuando había vacas gordas, pues claro como podrían menguar los beneficios, y lo dicen ahora como indispensable. Francamente me parece mucha cara y una demostración de que en el 70 % de los empresarios, esa responsabilidad social de la que ud hace gala no se produce ni les preocupa a sus dirigentes.

Saludos
Andabao