
SI miran a su alrededor, verán que existen cuatro tipos de personas: los tontos, los malos, los buenos y los listos. Y, sí, ya sé que es una simplificación. Pero no se dejen engañar por las apariencias: entender la diferencia entre unos y otros es mucho más difícil de lo que creen y fundamental para tener éxito en la vida, en el mundo del trabajo, de las relaciones profesionales y de la empresa. O, por lo menos, para pasar por todo ello sin demasiados disgustos.
Vamos a empezar por el principio, por el grupo más peligroso de todos: el de los tontos. Es importante identificarlos bien y nunca bajar la guardia. Los hay en todas las clases sociales, profesiones, épocas, países y niveles culturales. Se reconocen porque son aquellas personas que causan un daño a los demás sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para ellos, o incluso obteniendo un perjuicio. Y, como explica muy bien el profesor Carlo M. Cipolla en su libro 'Allegro ma non troppo' (corran a comprarlo a la librería, pero ya), la primera ley de la estupidez humana es que «siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan en el mundo».
Efectivamente, la tontería humana no conoce límites. Y es importante no confundirla con la maldad, porque no es lo mismo. Ni de lejos. Una persona malvada es aquella que causa un mal o un perjuicio a los demás para conseguir un provecho para sí mismo. Hay, por lo tanto, una cierta finalidad en sus acciones, en su egoísmo. El malvado, además, puede actuar de manera inteligente o estúpida. En el primer caso obtendrá más beneficio propio que perjuicio causado. Y en el segundo, al revés: hará mucho daño para conseguir un beneficio muy pequeño. Pero, insisto, en sus acciones hay siempre una finalidad clara; egoísta y clara.
Los buenos, por contraste con los malvados, son aquellas personas que piensan más en el beneficio ajeno que en su propio interés. Y, al igual que los malos, también pueden ser listos o tontos. Si son listos, aumentarán la proporción de beneficio, ajeno y propio, obtenido. Y si son tontos sufrirán más, porque la búsqueda altruista del beneficio ajeno les ocasionará demasiados disgustos propios.
Los listos, finalmente, son aquellos que saben actuar buscando su propio beneficio y proporcionando beneficio a los demás. No lo hacen por altruismo ni por egoísmo; lo hacen por inteligencia: porque son capaces de ver la relación entre las dos ganancias. Y eso, precisamente esa capacidad de visión, es lo que los identifica. Si una persona inteligente actúa, además, movido por la bondad, empezará esta ecuación del beneficio mutuo pensando en los demás. Si, por el contrario, actúa movido por la maldad, lo hará pensando exclusivamente en su bien. Pero en ambos casos, evitará causar cualquier daño innecesario. A él y a los otros. Y eso, esa capacidad de buscar el beneficio común y evitar el perjuicio gratuito, es lo que diferencia a las personas listas de las tontas.
Listos, tontos, malos y buenos no son, además, categoría puras: se pueden combinar. Pero, eso sí, sólo dos a dos y nunca entre antagónicos. Es decir, se puede ser listo y bueno o listo y malo, pero nunca listo y tonto. Por otra parte, estas cuatro categorías tampoco son constantes: todos actuamos, o podemos actuar en algún momento de nuestras vidas, de cualquiera de las cuatro maneras. Y nadie, ninguna clase social, profesión, época, país o nivel cultural está exento. Hablando en plata: que existe la misma proporción de empresarios tontos que de sindicalistas, anestesistas, soldadores o políticos tontos. Exactamente la misma. Por eso es importante reconocerlos y escapar de ellos a la carrera. Sobre todo si hablamos de empresarios. En situaciones así, háganme caso, no lo piensen dos veces; si les toca un empresario tonto, huyan a toda velocidad. Sin mirar atrás. Da igual que sea buena o mala persona. Pero, por el contrario, si tienen la posibilidad de fichar por un empresario listo, no lo dejen escapar: vigílenlo. Y si descubren que, además de listo, es bueno, entonces péguense a él, ayúdenle, esfuércense, trabajen duro con y para él. Entréguense y no escatimen su talento, porque si hay algo que necesita una buena empresa es gente con talento, como usted. ¿Y cómo sé que usted tiene talento? Bueno, pues, entre otras cosas, porque aguantó leyendo hasta aquí y eso dice mucho a su favor... Pero, volviendo a lo que íbamos: trabajar con y para un empresario listo y bueno le beneficiará a él y a su empresa, por supuesto, pero, sobre todo, le beneficiará a usted.
Y es que la inteligencia de una persona también se mide en función de cómo escoge a sus jefes.
1 comments:
tiene muchisima razón, pero creo que donde demuestra el jefe mayor inteligencia y "listeza" es en contratar y premiar a los buenos trabajadores.
Por desgracia en al administración solemos tener a los jefes más inteligentes (esto lo digo de verdad y sin ironias) pero les falta destacar en alguna de las cuatro categorias que usted menciona (esto ya lo dejo a su interpretación).
Cuando estudiaba una ingeniería técnica, vino un chico de una empresa a darnos una charla y nos dijo "si en una obra que esteis llevando y el jefe de obra(vuestro subordinado)cobra tanto como vosotros no os extrañeis y si encima es es bueno y listo pagadle más que a vosotros"
P.D.: con estas clases que nos da, ya no me matriculo en ESADE
aNDABAO
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