9 de septiembre de 2009

Nuestros abuelos madrugaron, eso es todo


NADA de lo que tenemos es gratis. Detrás de nuestro estilo de vida, de las escuelas y hospitales que pagamos con nuestros impuestos, de las empresas en las que trabajamos, de nuestros programas de televisión favoritos, hay un esfuerzo de décadas. Varias generaciones se sacrificaron, pusieron lo mejor de su talento y muchas horas de su trabajo para construir un mundo mejor para nosotros. Y lo consiguieron. Con muchas carencias, muchos errores y muchas imperfecciones, pero lo consiguieron.

No vivimos en un mundo perfecto. El hambre, la injusticia, la miseria sigue siendo una realidad diaria para la mayoría de los habitantes de este planeta. Pero estamos mejor que hace cien años. Las posibilidades que tenemos, todos, de llevar una existencia digna, de no estar sometidos a los caprichos de cualquier cacique, de poner en marcha un negocio sin tener que pagar sobornos, son ahora mucho mayores que hace un siglo. Nos queda mucho por avanzar. Sí. Pero, a veces, echar la vista atrás nos ayuda a entender mejor cuál es el camino que debemos recorrer en el futuro, qué errores no podemos volver a cometer y en qué aciertos debemos insistir.

Haber llegado hasta aquí no fue fácil. Muchos de nuestros mayores tuvieron que emigrar -primero a América, más tarde a Europa- para escapar de la miseria y buscar un futuro mejor. Nos matamos en guerras civiles -primero asturianas, luego españolas, más tarde europeas o mundiales- que se llevaron lo mejor de la juventud de aquel tiempo y todas sus esperanzas. Y nos libramos de dictaduras interminables y crueles que sacaron lo peor de nosotros mismos: el conformismo del que todo lo denuncia pero no hace nada, el egoísmo del que mira hacia otro lado y piensa que los problemas dejan de existir por sí solos, el cinismo del que actúa mal pero progresa socialmente arrancando ventajas al sistema... Efectivamente, el camino fue difícil. Pero nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres, fueron capaces de superarlo todo, de renunciar a mucho y de sentar unas bases de convivencia común que les permitieron avanzar, abrir sus mentalidades y progresar. Y ahora, junto a cientos de millones de conciudadanos, formamos parte del mayor club de democracias del mundo: la Unión Europea.

Volver atrás es absurdo. Ni siquiera el más tradicionalista de los conservadores quiere lavar su ropa en el río. Pero reconocer la carga de esfuerzos y renuncias de los que nos precedieron es de justicia. Nuestros abuelos y abuelas trabajaron duro bajando a la mina o saliendo al mundo a vender sin saber nada de márketing relacional. Nuestros padres y madres apostaron el dinero que no tenían en proyectos inciertos sin más aval que su sacrificio, o asumieron el pluriempleo para poder llegar mejor a fin de mes. No había horarios, no había ingresos fijos, no había seguridad. Pero había interés por mejorar, había sacrificio, había ambición. Y eso fue lo mejor que nos dejaron: un sueño, un proyecto creado con mucho esfuerzo.
Nosotros vivimos mejor que ellos. Tenemos más cosas, más libertades y más posibilidades. Sin embargo, estamos en crisis. Y estamos en crisis porque, por primera vez en muchos años, el futuro que nos espera es más incierto que el pasado que dejamos atrás. Estamos en crisis porque muchas de las expectativas que nos construimos nunca se realizaron. O directamente nos explotaron en la cara en forma de burbujas inmobiliarias o laborales.

Ahora, nuestro peor enemigo es el miedo. Miedo a no cumplir nuestras propias expectativas, miedo a la incertidumbre, miedo al futuro, miedo al miedo mismo... Lo peor del paro no es la falta de trabajo; lo peor es la falta de esperanza: no saber qué va a ser de nosotros, no tener horizonte ni proyectos, esperar a que otros resuelvan el problema. Por eso, si una cosa está clara, es que de esta crisis no podemos salir con improvisaciones. No vamos a superar este bache estableciendo más divisiones entre ricos y pobres, entre trabajadores y empresarios, entre autónomos y funcionarios. No podemos superar esta recesión con discursos revanchistas o populistas, amenazando con despidos libres o repartiendo cheques-bebé. Tenemos que predicar con el ejemplo, recortar gastos y aplicar el sentido común. Si con ocho años cotizados un diputado ya tiene derecho a una pensión vitalicia, ¿qué nos impide al resto de ciudadanos pedir la misma cobertura?

Necesitamos mirar atrás, respirar hondo y poner las cosas en su justa medida. No va a ser fácil, pero tampoco imposible. Nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres, pasaron épocas peores y las superaron. Nosotros también sabremos estar a la altura. Se lo debemos.

1 comments:

Anónimo dijo...

Parece que la culpa de la crisis es la improvisación de zapatero, (no voy a discutir sobre imporvisa o no). La culpa de la crisis la tiene el olvidar precisamente de donde venimos, de olvidar a nuestros abuelos, y a nuestros padres, por eso se origino la crisis, no por culpa de zapatero (por culpa de este saldremos un año antes o despues).

Claro como estoy entrando en los 40 no me acuerdo del resto de las crisis, no me acuero de la menosr cobertura social que hay ahora, no me acuerdo de lo mál que se pasaron en las anteriores.

Francamente de esta crisis vamos a sali mejor y mejor preparados. Tambien les digo que si de verdad creen que el mayor problema de la crisis es Zapatero, fvrancamente pierdo toda esperanza de salir,ya que estazmos desviando la atención y dejandonos guiar por preferencias personales.

Saludos
Andabao