25 de febrero de 2009

Demasiadas diferencias al despedir


Por alusiones. El presidente de la CEOE, el gobernador del Banco de España, el comisario de asuntos económicos de la Unión Europea y yo mismo (ya me decía mi madre que tuviera cuidado con las compañías...) opinamos que es necesaria una reforma en la regulación del mercado laboral español. No es que pensemos que la culpa de la crisis está en la actual legislación laboral. No. El origen de esta recesión global es otro; ya lo sabemos, ya. Lo que pasa es que estamos constatando que los países con sistemas de contrataciones (y despidos) más flexibles aguantan mucho mejor los efectos de esta hecatombe económica. Mientras que los países con sistemas de despidos (y contrataciones) más rígidos ven como su paro aumenta más y más de manera alarmante.
Ese es el caso español; el de mucha rigidez y mucho paro. Esa es nuestra particular paradoja: una legislación excesivamente garantizadora de los puestos de trabajo que no garantiza el mantenimiento de los puestos de trabajo. Es más: una legislación tan teóricamente garantizadora de los puestos de trabajo que lo que está suponiendo en realidad es un obstáculo para la creación de nuevos puestos de trabajo. Esa es nuestra realidad: aumenta el paro y los que quedan sin trabajo no tienen alternativas porque los que sí lo tienen cada vez están más protegidos.
¿Es este el mejor momento para plantear estas cuestiones? Pues probablemente, no. No. No parece conveniente hablar de los costes del despido en el momento en que más empleo se está destruyendo de los últimos quince años. Por supuesto, lo lógico hubiera sido hablar de esto cuando se estaban creando miles de puestos de trabajo al día y no ahora. De acuerdo. Pero es que hace un año ¿se acuerdan? en pleno debate Solbes -Pizarro, en plena campaña electoral, cuando el presidente del gobierno hablaba del objetivo del pleno empleo, nosotros; el presidente de la CEOE, el gobernador del Banco de España, el comisario de asuntos económicos de la Unión Europea y yo mismo, decíamos lo mismo que ahora: que la rigidez del mercado laboral no era buena para la creación de empleo estable; que lo único que se creaba era empleo basura; y que la diferencia entre uno y otro cada vez era más grande. Y tengo pruebas. El problema es que cuando se creaba empleo nadie quería hablar de los costes del despido y, ahora que se destruye, pues mucho menos.
Pero es necesario hablar de ello. Es antipático, es inconveniente y es desafortunado. Pero es necesario. Porque si no hacemos algo al respecto, esto puede acabar muy mal. A ver: no es que en España los costes de la indemnización por despido sean altos. Que también. El problema es que son muy altos para algunos y muy bajos para otros. Ese es el verdadero problema; el contraste, el agravio comparativo, las diferencias cada vez mayores entre dos tipos de contratos: los contratos blindados y los contratos basura. Eso es lo peor.
Por una parte existe una elite de trabajadores por cuenta ajena que tienen su puesto cada vez más afianzado. Es una elite formada por los funcionarios de carrera, los delegados sindicales, los trabajadores con puesto fijo, los ejecutivos con cláusulas de rescisión elevadas, los políticos (que, a partir de determinadas legislaturas, tienen garantizada una pensión) y, en general, todos aquellos que tienen barreras de salida tan altas que dificultan o impiden su despido. Y, por el otro lado, están todos los eventuales, los autónomos, los trabajadores con pocos años de antigüedad, los empresarios (sí, sí, porque a los empresarios nadie les garantiza sus ingresos) y, en general, todos aquellos que, además de ser los primeros en quedar sin trabajo, ven cómo, por culpa de las barreras de salida de los anteriores, las empresas no crean nuevos empleos.
Pongamos un ejemplo. Pensemos en una empresa de cincuenta trabajadores que está con el agua al cuello y tiene que despedir a cinco compañeros. ¿Saben cuanto les costaría la indemnización por despido si esas cinco personas llevaran, pongamos, veinte años de media contratados? Bueno, pues suponiendo que cobraran unos dos mil euros mensuales, la empresa debería pagar, en total, cuatrocientos mil euros. Unos ochenta millones de pesetas. Por el contrario, si esos cinco trabajadores llevaran sólo un año contratados… ¿Saben cuánto les costaría? Pues nada; la empresa pagaría cero euros. Cero pesetas.
Como ven, el contraste es demasiado grande como para no tenerlo en cuenta y como para no pensar que provoca dos cosas. Uno, que las empresas no despiden a los que más lo merecen sino a los que menos cuestan. Y dos, que nadie se quiere arriesgar a crear nuevos empleos blindados porque nadie se puede permitir tropezar dos veces en la misma piedra.
Y, menos, con el agua al cuello.

19 de febrero de 2009

Copiar recetes en contra’l paru


Ai, los empresarios. Qué malos son. Agora, como si nun tuvieren bastante colo d’ellos, anden pidiendo’l despidu llibre y echando la culpa la crisis a los trabayadores. Hai que ver. Quieren quita-yos les indemnizaciones por desempléu. Ya saben; lo del despidu llibre. Eso sí, nun tienen reparos en pidir paréntesis a la economía de llibre mercáu y ayudes al estáu cuando les coses pinten mal. Y lo peor nun ye eso. Lo peor ye que tamién el gobernador del Bancu d’España o el comisariu d’asuntos económicos de la UE (entrambos los dos socialistes) tamién soliciten una reforma del mercáu llaboral nesa llínia. Si ye que nun ganamos pa disgustos. Tolos problemes resuelvense quitando-yos derechos a los trabayadores.

Menos mal que ta ehí Zapatero pa poner orde. De mano, ya dixo que nones. Que de reducir la indemnización por despidu de cuarenta y cinco díes por añu trabayáu nada de nada. Que la crisis nun ye culpa de los trabayadores y que si hai que reformar daqué había qu’entamar pol sistema financieru y polos beneficios empresariales.
Y, bueno, val. Aguantamos como mohicanos y equí nun se mueve naide. Y la conciencia obrera y d’izquierdes igual la caltenemos tranquila. Lo que pasa ye que yo nun cuento qu’esi inmovilismu tan nuestru consuele al millón de paraos que se xeneraron n’estos últimos meses. O al otru millón más de paraos que, de siguir asina les coses, queden por venir. Y ye que yo sigo convencíu qu’eses politiquees defensives nun valen pa xenerar más empléu. Porque esa ye la clave: la culpa igual nun ye de los trabayadores; y munchu menos de los paraos. Non. Pero, que naide nun s’engañe: la culpa nun será d’ellos. Pero son ellos, unos y otros; trabayadores y paraos; les principales víctimes de too esto.
Y que naide venga diciendo que son coses que nun tienen igua. O que nun dependen de nosotros. O qu’afecten a toles economíes avanzaes. Non. Y ehí ye onde quería llegar a parar; a que nun ye casualidá qu’España; ún de los mercaos con un coste d’indemnización por despidu más altu; seya’l país onde más ta aumentado’l paru. Dientru y afuera la Unión Europea. ¿Y saben por qué? Pues por una razón mui simple: porque esa indemnización tan alta por despidu nun val pa evitar despidos. Val pa estremar más y más la distancia ente los contratos blindaos y los precarios. Y asina, más que barrera pa evitar paraos, ta valiendo de pilancu pa evitar contratos.
Pero, vamos, qu’igual toi yo mui confundíu y eso de copiar de los meyores y de los que menos paru tienen ye un error mui míu.

12 de febrero de 2009

Más diplomacia y más presión


La diplomacia nun tien mui buena prensa. Bien de veces confúndese col cinismu o, tolo más, cola mentira elegante. “Les coses son lo que son y lo único que faen los diplomáticos ye anubriles embaxu una montonera de palabres engañoses; vamos, igual que los malos feriantes y los vendedores de remedios milagrosos; por eso, énte los que nun acaben d’entender los nuestros argumentos, lo único que podemos facer ye aumentar la presión: esa ye la única manera de convencer a los que nos nieguen los derechos”.

Bueno. Efectivamente, la presión ye una ferramienta imprescindible pa cualquier reconocimientu de derechos civiles. La movilización, la pelea, la presión social forma parte de les estratexes básiques en cualquier reivindicación cívica. Ye más; nel casu del reconocimientu xurídicu del nuestru idioma (ello ye, de la oficialidá) ye casi l’únicu camín que nos queda sigún dalgunes declaraciones d’unos y otros: “lo del bable ye un inventu”, “sois cuatru gatos”, “falta demanda social”, “eso nun da votos”...
Si aceptamos esto, nun nos queda otro que xugar a la presión social. Y, si paramos a pensar un poco, tenemos que nos decatar que la presión (lo mesmo na física que na vida) nun ye otra cosa que’l resultáu de dividir la fuerza qu’aplicamos ente la superficie qu’utilizamos p’aplicala. Los carpinteros sábenlo bien: a igual fuerza pero menos superficie, más presión (ello ye: a igual mazazu, contra más fina ye la punta más s’espeta na madera). O, si se prefier, a igual superficie pero más fuerza, más presión (si la punta ye la mesma, contra más fuerte ye’l mazazu, más s’espeta na madera).
Hai que dar ónde duel. Hai que ser finu. Y nun hai por qué facer trampa. Si la rocea que queremos combatir ye que nun somos una minoría repunante, tenemos qu’enseñar la xente que ta con nós; lo paisanos que somos en cantidá y en cálida. Por eso empondero bien la campaña “doi la cara pola oficialidá”. Porque tolo que seya sumar ye positivo pa nosotros y val pa restar al contrariu. Porque tolo que seya añadir cares célebres val pa neutralizar mieos. Y porque tolo que seya salir del anonimatu val pa incorporar aire fresco. Por contra, por tolo qu’acabo de dicir, nun me termina de convencer la estratexa de siguir persiguiendo al presidente colo de la “pita pola oficialidá”. Porque cansa. Porque despierta rocees. Y porque dexa mal a gustu a tolos que participen n’ello.
Ta mui claro qu’esto ye una opinión personal y ta más claro tovía que pueo tar enquivocáu. Pero ¿soi más inocente por pensar esto? ¿O soi más listu y busco más eficacia? Nun sé.

11 de febrero de 2009

Necesitamos algún culpable


Todo es relativo. Tengo una amiga que, al preguntarle cómo está su marido, siempre responde lo mismo: “¿comparado con quién?”. Bueno pues, con esto de la crisis, creo que pasa un poco igual. Llevamos casi un año metidos en ella y es difícil precisar si está siendo más o menos grave de lo que pensábamos. Entre otras cosas porque cada uno de nosotros pensábamos una cosa distinta. Y, por supuesto, lo comparamos con eso.

Pero si tenemos problemas para ponernos de acuerdo en la gravedad del asunto, imagínense los que tendremos a la hora de señalar los culpables. Y es que esa es otra: señalar los culpables. La verdad es que no es un tema fácil. Piénsenlo conmigo: ¿realmente, quién tiene la culpa de toda esta crisis? ¿los banqueros? ¿los ciudadanos? ¿los empresarios? ¿los políticos?
Hombre, es evidente que los banqueros, que nos colocaron hipotecas basura, fondos piramidales y demás artimañas, tienen mucha carga que asumir. Y como, además, son ricos y se enriquecieron todavía más mientras creaban todos estos agujeros negros en el sistema, pues... sí, es evidente: los banqueros son culpables.
Pero, claro, esos banqueros vendieron esos productos, fondos e hipotecas a alguien. Y ese alguien los compró porque, en el fondo (valga la ironía), quería aprovecharse del pastel. Ya saben; la vieja historia del timador timado: “mi casa vale doscientos mil euros, pero firmo una hipoteca por doscientos veinte mil; así aprovecho para cambiar el coche y, aunque no sé cómo voy a pagar la cuota mensual, me da igual; los pisos nunca bajan de precio y, si las cosas salen mal, pues vendo la casa y punto...” Hasta que estalla la burbuja inmobiliaria y, entonces, ni vendiendo la casa (porque nadie la quiere comprar) es posible pagar las deudas. Es triste pero es así: muchas víctimas, conscientes o inconscientes, de toda esta especulación financiera también son culpables.
Y que nadie se equivoque: entre esos culpables también estamos nosotros, los empresarios. Unos por participar como constructores de la propia burbuja inmobiliaria y otros por participar como deudores de la más general burbuja financiera. Pero todos por lo mismo: por endeudarnos más de lo razonable; por no hacer los deberes a tiempo; por no ser rigurosos. En definitiva, por no gestionar los males cueste lo que cueste.
¿Y los controladores? ¿Los inspectores? ¿Los auditores de todo el sistema? Ui, esos sí que no tienen excusa. Se puede entender que los jugadores, en el calor del regate, cometan una falta. Pero con los árbitros es distinto. Es distinto porque su misión no es meter goles. Su obligación es otra. Su obligación es controlar que se cumplan las reglas del juego limpio. Y, por eso, los legisladores, los auditores del Banco de España, los funcionarios del Banco Central Europeo, los comisarios de la CNMV, los inspectores del Fondo Monetario Internacional, el cuñado del síndico de la Bolsa de Valores de Wall Street... todos; todos estos señores tan preparados, deberían decirnos algún día dónde estaban mientras se generaba un gol de chopotocientos mil millones de dólares en hipotecas basura.
Pero, en fin. No hay que calentarse. En realidad, todos somos un poco culpables. O, por lo menos, todos tendremos que poner algo de nuestra parte si queremos salir de ésta. Todos nosotros; la gente normal, incluyendo los banqueros y los empresarios, (aunque sé que algunos no estarán de acuerdo con esta afirmación); tenemos que aprender a ser más precavidos. A no pasarnos de listos y, sobre todo, a no pretender timar a ningún timador. Tenemos que acabar con los beneficios sin riesgo y, sobre todo, con las recompensas sin trabajo. Y esto incluye, por supuesto, los sueldos mega-millonarios, los contratos blindados, la explotación del trabajador, las stocks-options y otras maniobras orquestales en la oscuridad que están fuera de todo equilibrio y toda lógica. Incluyendo los megasueldos de los futbolistas galácticos (aunque sé que algunos tampoco estarán de acuerdo con esta afirmación).
Y respecto a los árbitros del sistema; es decir, a los poderes públicos; pues qué quieren que les diga. Yo, la verdad, solo les pediría una cosa: que predicaran con el ejemplo. Y les pediría que lo hicieran con una fórmula muy sencilla: pagando sus facturas a tiempo. Creo que no es mucho pedir y que, por el contrario, el efecto en la economía sería muy grande. Estamos en crisis financiera, y eso quiere decir que el dinero corre con dificultad y que no hay crédito. Por eso, en vez de buscar culpables, o declarar que se nos acaba la paciencia, creo que a todos nos iría mejor si cada uno cumpliéramos con nuestra parte del trato.
¿Se imaginan que la administración pública pagara a sesenta días? Pues eso

5 de febrero de 2009

Caminos nuevos pal CAO


La xunta pola defensa de la llingua asturiana acaba cumplir venticinco años. Hai que ver cómo pasa’l tiempu. La verdá ye que nestos cinco lustros abulta muncho lo que se tien trabayao, avanzao y conseguío. Por contra, la tentación de caer nel derrotismu y asumir que tolo fecho nun valió pa nada ye grande. Y ello por una razón: l’oxetivu principal, el símbolu final, la cuestión cimera, tovía nun se tien algamao.
Toi refiriéndome, evidentemente a la oficialidá y, como ye bien conocío que l’asturianu tovía nun dispón d’esi estatus xurídicu, la tentación, como digo, de pensar que siguimos igual qu’hai venticinco años ye grande.
Pero non. Nun tamos igual qu’hai venticinco años. Cambiaron les circunstancies, cambiamos nosotros y les estratexes tienen que cambiar. La idea sigue siendo la mesma: consiguir la normalización del nuestru idioma. Tenemos que sacar al asturianu d’esi estatus de dialectu menor, de llingua imperfecta y atrasada, d’amestao d’andar per casa y convirtilu nun patrimoniu de futuru, nuna seña d’identidá de la que nos sintir arguyosos y, en definitiva, nun instrumentu de comunicación nel que poder vivir y trabayar con comodidá.
Pa facer eso tenemos que convencer a muncha xente. Tenemos qu’eliminar complexos y mieos. Y tenemos qu’enseñar a tol mundu que la normalización del asturianu nun va contra naide. Naide tien por qué sintise amenazáu porque a naide se-y va imponer nada como nun seya’l respetu a los demás. Nun va ser fácil. Sabémoslo bien. La sensación de topar contra una muria ye grande y, por eso mesmo, tenemos qu’escoyer con munchu procuru les estratexes a siguir.
Nel casu concretu de la oficialidá tamos énte un retu, fundamentalmente, políticu. Y ehí les matemátiques son fundamentales. Necesitamos la complicidá del PSOE y del PP porque con Izquierda Xunida y los partíos asturianos nun nos val. Y, probablemente esta necesidá ye ún de los mayores retos y de les mayores contradicciones del CAO: nun somos a vivir colos partíos mayoritarios pero tampoco podemos avanzar ensin ellos.
Tenemos qu’enseñar que nel CAO pueden tar a gustu los d’izquierdes y los de dereches, los nacionalistes y los non nacionalistes, los nuevos y los más veteranos. Tenemos que siguir trabayando na cai y na movilización social, pero tamién tenemos qu’argumentar nos despachos y nos gabinetes. Tenemos que contar colos sindicatos pero, sobremanera, tenemos que facer lo propio colos empresarios. Porque unos y otros son imprescindibles y, por eso mesmo, tenemos que mirar más pa los que, hasta agora, miramos menos. Y, en fin, pa terminar, y por dicilo en palabres que tol mundu pue entender, tenemos que poner más la corbata.