28 de marzo de 2009

Namás un tres por cientu.


En marzu de 1992, Ovidio Blanco, arquitectu del Ayuntamientu de Xixón compró un práu, la llosina, por un millón doscientes cincuenta mil pesetes. A los seis años vendiola a los mesmos a los que-yos la compró por un millón cuatrocientes mil. Bueno, hasta ehí más o menos normal, quitante qu’esta operación parez nun tener muncho aquello. Que un arquitectu que trabaya pal Conceyu ande comprando y vendiendo finques a les empreses constructores nun abulta elegante. Suena a especulación. Pero siguimos; porque la cosa nun quedó n’eso.

Seis años depués, nel 2004, el mesmu arquitectu volvió comprar el mesmu práu, la llosina, menos de tres mil metros cuadraos, por venti mil cuatrocientos euros; ello ye, por tres millones cuatrocientes mil pesetes. Ello ye, a mil y picu pesetes el metru. Barato, pa qué nos vamos engañar. Y, atención, qu’equí llega lo bueno, porque, a los dos años el señor Ovidio Blanco, cuarenta díes depués de tener dexao de trabayar pal ayuntamientu, volvió vender la ya famosa llosina, a los mesmos a los que-yos la compró esta segunda vuelta, por namás y na menos que seiscientos diecisiete mil euros: más de cien millones de pesetes. Caro, mui caro.

En fín, comprar barato y vender caro, lo que se diz una operación de compra-venta curiosuca. En concretu, tan curiosuca como qu’equí tamos falando, si me permiten la ironía, de namás un ruin tres por cientu. Ello ye, comprar en tres millones y vender en cien. Eso ye lo que fizo’l señor Ovidio Blanco. ¿Qué se pue dicir? Pues que poques veces la expresión “pelotazu” tuvo meyor traducción.

A mi, la verdá, de lo que más me plasma d’esta cuestión ye lo descarao que resulta. La falta de moderación, de prudencia y de buen gustu de los protagonistes. Un arquitectu municipal, una empresa constructora, unos terrenos recalificaos, una fuerte opsición vecinal, un Ayuntamientu que desconoz el tema... Esti asuntu tien tolos elementos pa nun pasar desapercibíu. Ye fácil d’entender y más fácil d’enseñar; y, por eso mesmo, al señor Blanco nun-y tinía qu’estrañar tenese convertío, en palabres suyes, en “víctima d’un escarniu”. Ye lo menos que-y pue pasar.

Porque estes coses pasen. Somos humanos. Por eso enquivocámonos y por eso tenemos que tener mecanismos de seguridá pa prevenir accidentes. Pues polo mesmo, porque somos humanos y tenemos tentaciones, hemos disponer de mecanismos de seguridá pa prevenir enriquecimientos fraudulentos. Y si se dan, como ye’l casu, tenemos que los esclariar, definir bien les culpes, facer porque nun chisquen a los inocentes y, sobremanera, asegurar lo más posible que nun se vuelvan repitir.

25 de marzo de 2009

Los jefes no saben escuchar


ALGUNOS listos dicen que la crisis es tiempo de oportunidades. Nada, no hagan ni caso. Todo mentira. Las verdaderas oportunidades se dan en tiempos de bonanza. Cuando la economía crece, las instituciones funcionan y la gente paga bien sus facturas, es el momento de hacer buenos negocios, de crear riqueza. Por el contrario, ahora, en momentos de recesión, lo que toca es otra cosa. Ahora toca aguantar el tipo, mantener los compromisos y actuar para que vengan tiempos mejores. No esperar a que vengan tiempos mejores. No. Y menos de brazos cruzados. Sino trabajar todos juntos para que lleguen lo más pronto posible.

A todos nos va mucho en este intento de salir de la crisis. Yo estoy seguro, además, de que lo vamos a conseguir. Tenemos muchas cosas a favor. Una de ellas, y no de las peores, es que estamos todos interesados en lo mismo. Ricos y pobres, gobernantes y gobernados, jefes y empleados; todos queremos salir de ésta.

Piensen, por si les sirve de consuelo, que los que más dinero están perdiendo ahora son los más ricos del mundo. Claro, son los que más tienen que perder, los de la lista Forbes y todo eso. Y, por supuesto, ya sé que no es lo mismo que Bill Gates o Amancio Ortega pierdan mil millones a que usted o yo perdamos mil euros. Ya lo sé. Lo que quiero decir es que ellos no van a dejar que la barca se hunda porque, además de ir en ella, son los que más peso llevan encima. Por eso, aquí, o nos salvamos todos o no se salva nadie. Ya me entienden.

Nadie puede ser libre si no es en una sociedad de personas libres. Y nadie puede prosperar si no es en una sociedad económicamente próspera. El resto es una trampa. Lo de que los ricos son más ricos gracias a que los pobres son más pobres es una chorrada. Es una excusa barata propia de sinvergüenzas o de aspirantes a tuertos en el país de los ciegos. No tiene ningún fundamento estadístico. Ninguno. Y, además, todo lo que está pasando ahora viene a corroborarlo: todos somos un poco más pobres y, por eso, los muy ricos están siendo bastante menos ricos. (Claro está, salvo que consideremos el robo organizado como una forma de economía alternativa).

El objetivo, entonces, está claro: salir de ésta. Lo que no está tan claro es cómo. Ahí empiezan las diferencias. Y ahí es donde cualquier idea que nos ayude a ahorrar, a generar riqueza, o a mantener los puestos de trabajo, debe ser bienvenida. No va a ser fácil. Desde el sofá de casa, en la peluquería o echando la partida, todos tenemos ideas geniales. Pero una cosa es teorizar sin correr ningún riesgo y otra, muy distinta, convertir nuestras ocurrencias en planes aplicables a la realidad, atreverse a transmitirlos de manera adecuada y arriesgarse a ponerlos en práctica.
La sensación general que tienen muchos trabajadores es que sus jefes no saben escuchar, que se meten en una sala a discutir durante horas (la verdad, no se sabe muy bien sobre qué), pero que no pierden ni cinco minutos en conocer la opinión de sus propios empleados. Y tienen razón, tienen toda la razón. Las mejores ideas vienen siempre de dentro y si los trabajadores se atrevieran a explicar sus proyectos a los jefes y los jefes supieran atender las sugerencias de sus empleados, a todos nos iría mucho mejor.

No sé muy bien de quién es la culpa. Tampoco me importa. Pero, como empresario, déjenme darles un consejo: si tienen una idea, trabájenla, organícenla en la cabeza, en un papel o en una hoja de cálculo. Evalúen los pros y los contras, tradúzcanla a números o proyéctenla a futuro. Da igual, hagan lo que sea, pero trabájenla un poco. Y, después, explíquensela a sus jefes. Pero sólo después de haberla trabajado, nunca antes. Y, sobre todo, comprométanse a llevarla a la práctica. Da igual que sea una idea revolucionaria o una sencilla propuesta de mejora. Lo importante es que sea coherente, que tenga principio y fin y que el esfuerzo empiece por ustedes mismos. Vamos, que no sea un brindis al sol tipo: «hay que ahorrar papel», sino, más bien, algo más parecido a: «podemos ahorrar un paquete de folios al mes si hacemos los registros de entrada de esta otra manera». Anímense a hacerlo, ya verán como funciona.

Y es que, al final, a pesar de lo que yo mismo decía, va a ser verdad que esta crisis también es tiempo de oportunidades.

20 de marzo de 2009

La esquierda tamién pue entendese


Esta selmana, el diputáu d’Izquierda Xunida – Bloque por Asturies – Los Verdes, Francisco García Valledor, pidió disolver el so partíu pa entamar otru qu’axunte a tola izquierda alternativa al PSOE”. Una fuerza política nueva que definió como “d’izquierdes, asturianista, ecoloxista, republicana y altermundista” y de la que, sigún dixo, invitaba formar parte a otres fuerces extraparlamentaries. En concretu, Unidá Nacionalista Asturiana y Izquierda Republicana.

De momentu, el so llamamientu nun tuvo muncho aquello. El portavoz de Los Verdes ya-y retrucó que nun taba mui pol llabor; que taba bien a gustu colo qu’había. Otra manera, dende la UNA respondiéron-y; si me lo permiten, un aquello sobraos; diciendo-y que "yá existía una fuerza asturiana, ecoloxista y d’izquierdes: la UNA”. (¿Por qué seremos tan gayasperos los asturianos? En fin, sigo). Y, pa rematar, dende’l PSOE, estrañáronse que un diputáu que formó parte d’un gobiernu y que ta apoyando otru gobiernu del mesmu signu pida, dende’l so escañu, la disolución del so partíu pa entamar otru.

Panorama enguedeyáu el de la izquierda. Y difícil decisión la que va tener que tomar Valledor cualquier selmana d’estes. Nun ta a gustu na so coalición, pero tampoco ta a gustu afuera. Y ye una pena porque, nuna estructura tan anquilosada como la nuestra, nun sobra xente qu’aporte aires nuevos.

Francisco García Valledor vien animando la vida política asturiana d’un tiempu a esta parte. El so compromisu asturianista y el so dinamismu mediáticu dieron-y una proyección evidente na anterior alministración. Una proyección que lu apartó n’esta segunda lexislatura y que, como digo, pon-y problemes pa terminar d’atopar el so espaciu propiu. Y ye que’l problema, el gran problema que tien la izquierda alternativa al PSOE, ye que nun puede gobernar ensin los socialistes, pero, a lo que se ve, tamién-y resulta mui difícil facelo con ellos.

Una fuerza asturiana, ecoloxista y d’izquierdes (la UNA, el Bloque, la suma de les dos o denguna d’elles) podía trasformase nun sitiu onde bien de xente tuviera a gustu. Pero, na mio opinión, casi too pasaría por ser a responder a un par de preguntes bien cencielles: Una ¿Diba apoyar usté un gobiernu socialista que nun apoyare lo qu’usté considera derechos fundamentales (por exemplu, la oficialidá)? Y dos, ¿Diba dexar entós que gobernare una derecha que sí apoyare esos derechos fundamentales?

De cómo se respuenda a estes preguntes, pamidea, depende casi tolo demás. Y ye que, na mio opinión, la verdadera clave pa que’l PSOE dependa más d’esa izquierda (nueva o vieya) ta precisamente en qu’esa izquierda nun dependa tanto del PSOE.

13 de marzo de 2009

La derecha podía entendese


Hai coses en política que, por ser tan evidentes, nun terminamos de ver. Una d’elles, na mio opinión, ye la dificultá que tien la derecha española pa entendese cola derecha española. Y hasta que nun seya quien a facelo va tener mui difícil gobernar. Imposible, non; pero mui complicao, sí. Voi intentar desplicalo.

N’estos años d’atrás, la derecha española enseñó una capacidá reseñable pa integrar ideoloxíes estremaes y facer con elles un viaxe al centru. Dende los más reaccionarios hasta los más centristes, tol espectru ideolóxicu, del PSOE pa esa parte, convive nun mesmu proyectu políticu. Conservadores, demócrata-cristianos, lliberales y demás fueron a superar distintes fórmules de coalición y concurrencia p’acabar integrándose nunes sigles namás. Y, cuidáu, que nun me refiero sólo al PP. Porque nel conceptu de derecha española incluyo tamién a la derecha vasca del PNV, a la catalana de CiU, a l’aragonesa del PAR, a l’asturiana d’UA, a la cántabra del PRC y a toles demás. Na so circunscripción, cada una d’elles, ye a preséntase con unes sigles namás; eso ye lo que tienen en común.

El viaxe ideolóxicu, el viaxe al centru, dende esti puntu de vista, ya ta fechu. Pero el viaxe territorial, el viaxe a la periferia, non. Y, asina, la mesma derecha que ye quien a xuntase ideoloxicamente, nun ye quien a entender sensibilidaes o identidaes territoriales distintes. La ideoloxía nun separa; la identidá, sí. Y, amás, ye a facelo d’una manera radical, insalvable, imposible d’arreblagar.

Los efectos de lo que digo tan a la vista: el PP y el PNV, dos partíos de dereches, tan dispuestos a pactar col PSOE, un partíu d’izquierdes, pa formar gobiernu pero nun consideren, nin como hipótesis de trabayu, pactar ente ellos. Nin pa pañar duros. ¿O digo mentira? Pero ye que en Cataluña pasa igual: PP y CiU prefieren más entendese col PSOE qu’ente ellos. Y fírmenlo énte notariu pa que conste. Increíble. ¿Y col PRC, el PAR, UM, UPL, UPN y demás? En fin.

Y, entós, ¿Afecta esto a Asturies? Por descontao que sí. Piénsenlo un poco: la única vez que la derecha algamó’l poder n’esti país, fízolo gracies a los asturianistes y a la suerte. Y rompió al poco, non por ideoloxía; sinon por nun ser a entender la tensión de poder Madrid-Uviéu. O centru-periferia. O Asturies-España, como prefieran.
Por eso, repito, na mio opinión, n’Asturies, igual que n’España, hasta que la derecha nun s’entienda cola derecha va tenelo mui complicao pa gobernar. Y, bueno, ye too ponese.

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11 de marzo de 2009

Hay que echar a alguien


Nadie dijo que ser empresario fuera fácil. No lo es. En ocasiones, hay que tomar decisiones desagradables y, además, hay que acertar en las formas y asumir las consecuencias. Ya saben, lo del puño de hierro en guante de seda y todas esas tonterías. Pero, bueno, no pasa nada: va incluido en el sueldo porque la de empresario es otra de las muchas profesiones en los que a uno le critican por hacer bien su trabajo. No por hacerlo mal; no (por eso, por supuesto, también). Sino, como digo, por hacerlo bien, por cumplir con su deber, por conseguir el objetivo por el que a uno le pagan; es decir, por crear y mantener negocios rentables.

En este sentido, una de las decisiones más difíciles que tiene que tomar cualquier empresario es la de despedir. Despedir a los propios trabajadores es muy duro, pero, en ocasiones, es necesario para mantener la rentabilidad del negocio. Y es que no me estoy refiriendo ahora al despido disciplinario, o al que afecta directamente a una persona o a un puesto concreto de trabajo. No. Me refiero al despido general, al que no es culpa de nadie, al que sólo es consecuencia de la mala marcha del negocio, de la falta de rentabilidad; ya saben, de la crisis y todo eso.

En este tipo de despido (que, sin duda, es el peor) siempre queda una pregunta en el aire: «¿de verdad no se podía haber evitado?». Es la típica pregunta imposible de responder. En esta vida no hay nada absoluto (a no ser la muerte y los impuestos) y, seguramente, sí: en algunos casos el despido se podía haber evitado: una mejor gestión de los costes en los años anteriores, alguna idea innovadora y eficaz que se pudo haber aplicado y no se aplicó, una mayor agresividad en las ventas para abrir mercados nuevos... Qué sé yo. Todo se pudo haber hecho mejor. Sí. Pero llegados a determinados extremos, una vez que fracasan otras medidas, cuando ya no queda nada que hacer, estarán de acuerdo conmigo en que el despido es la única solución. No es culpa de nadie, es una tragedia, supone una faena tremenda, es una auténtica putad... Sí. Pero es lo que hay. Y es entonces cuando viene la segunda pregunta, más difícil de responder que la primera: «vale, es inevitable, ya no hay vuelta atrás, hay que echar a alguien, pero, entonces, ¿a quién?».

Ni al peor de mis enemigos le deseo verse en una situación como ésta. (Entre otras cosas, porque estoy convencido que alguna enemistad me gané, precisamente, por haberme visto en situaciones como ésta). Pero bueno, ni aún así le deseo a nadie tener que pasar por ello. Y no se lo deseo porque no hay solución buena; no hay respuesta acertada: esta tortilla es de aquellas que no se pueden hacer sin romper antes algún huevo.

Lo único que se puede intentar en momentos así es causar el menor daño posible, actuar con la mayor honestidad de la que uno es capaz, minimizar los malos efectos, los daños colaterales. Y ahí es donde aparecen varios criterios, a tener en cuenta. Varios argumentos que nos pueden servir como referencia en una situación como esta. A mí se me ocurren seis. El primero de todos es el de la antigüedad. Es decir, empezar despidiendo a los últimos que entraron. Es un criterio simple y fácil de entender y, en ocasiones, resulta una buena opción. Pero, en otras, precisamente por su simpleza, puede ser tremendamente injusto. Otro criterio podría ser el de la funcionalidad: decidir por secciones. Es decir, despedir en función del departamento. No me parece buena idea, la verdad, pero es cierto que, en ocasiones, hay que considerarlo: parece lógico empezar adelgazando por los órganos más alejados del corazón del negocio. Un tercer criterio puede ser el coste; el coste del despido mismo. Ya saben, existen enormes diferencias entre las indemnizaciones de los contratos blindados y los contratos 'basura'. Y aunque, sin duda, este es el criterio más injusto de todos, estas diferencias son tan grandes que resulta imposible no tenerlas en cuenta. De hecho, este es el criterio que está condicionando más despidos actualmente. Una cuarta solución podría estar en las cargas familiares: empezar despidiendo a aquellos que tienen menos familia que atender. La intención puede ser buena, pero los efectos son muy perversos. (Entre otras cosas, tonterías así son las que siguen provocando que algunas mujeres cobren menos que los hombres por igual trabajo). En quinto lugar, por supuesto, también está el criterio del enchufismo. Sólo que, en este caso, al revés: echar a los más antipáticos. Sinceramente, no sé cuantos empresarios se dejan llevar por canalladas como ésta, pero les garantizo que tienen todo mi desprecio. Y, por último, en sexta posición está el baremo de la profesionalidad: despedir a los peores, a los que menos aportan. Se parece algo al de las secciones, pero no tiene nada que ver. Y es que aquí no se valora el departamento, la función o la contribución económica directa al negocio. No. Aquí se valora a la propia persona; al profesional. Y, precisamente por eso, a mí es el que más me gusta.

Pero, ¿saben qué? que ninguno de ellos es perfecto. Y la verdadera perfección sería no tener que utilizarlos nunca.

5 de marzo de 2009

Ganó la moderación


Efectivamente, cuento que nes recientes elecciones de Galicia y el País Vascu ganó la moderación. Yo, polo menos, véolo asina. Nel casu gallegu, la victoria de la derecha nun pue amatagase. Ye incontestable: mayoría absoluta arrancada dende la oposición. El pueblu gallegu faló y faló claro. Por eso nun tien que nos estrañar que Touriño, el candidatu socialista, dimitiera. Porque nun ye lo mesmo perder les elecciones como aspirante que como presidente. Ye un poco como los penaltis: que nun los para’l porteru, fállalos el delanteru.
Eso sí, la so renuncia ye un xestu de paisanu que lu honra. Y la victoria de Feijoo ye un trunfu qu’abre unes posibilidaes de les que tendríen qu’aprender los sos homólogos d’esti lláu del Eo.
Nel casu vascu, les coses nun son tan evidentes. Pero ta claro que va haber cambios. L’arinmética parlamentaria ye cruel n’esti sentíu. El PNV ye’l partíu más votáu. Sí. Pero nun tien más qu’un aliáu posible pa gobernar: el PSE. Por contra, el PSE, que quedó segundu, tien dos posibilidaes p’apautar. Una, col mencionáu PNV. Y dos, colo que podríemos denominar “los constitucionalistes”. Ello ye, axuntando los sos escaños a los del PP más UpyD.
Lo sorprendente ye que n’esta arinmética parlamentaria hai una hipótesis que, n’otres circunstancies podía ser normal, pero que nel casu vascu, directamente, nun se contempla. Nun s’analiza, nun se ve, ye imposible. Refiérome a una alianza de la derecha ente’l PNV y el PP. Como digo, n’otres sociedaes yera lo más normal. La izquierda ye a facelo ¿Por qué la derecha nel País Vascu non? Pues porque non. Porque nun se fizo nunca. Porque nun hai peor cuña que la de la mesma madera y porque lo que nun pue ser nun pue ser y amás ye imposible. Y, en fín, esta imposibilidá, esta necedá d’unos y otros, ye lo que va pone-y bien difícil al PNV siguir gobernando.
Esa ye la principal diferencia agora ente los dos candidatos a lehendakari: Patxi López y Ibarretxe. El primeru pue apautar dos clases de mayoría de gobiernu. El segundu namás una. Y esta ye tamién la gran diferencia ente la situación actual y la que se dio años atrás cuando l’aspirante constitucionalista con más posibilidaes yera Mayor Oreja: que Patxi López pue apautar dos mayoríes y Mayor Oreja namás una.
La flexibilidá, la moderación, el posibilismu podríemos dicir. Eso ye lo qu’apoyaron mayoritariamente los electores de Galicia y Euskadi. Xente que seya a dar soluciones envede problemes. Pies calientes y cabeza frío. Dígolo por ver si aplicamos el cuentu.