31 de julio de 2009

Les cuentes del gran capitán


La política ye l’arte de lo posible, de les grandes palabres y de los pequeños símbolos. Sí. Pero tamién ye, más que nada, l’oficiu de saber alministrar los bienes comunes. Honradez y eficacia; esa ye la clave. Menos carisma y más resultaos: asina tendríemos que medir a los nuestros alministradores. Pero cuesta.
Doscientos quince millones de creditu namás pal sobrecostu de l’ampliación del Musel; alredor de seiscientos si contamos, entós, tolo que llevamos presupuestao; doscientos sesenta millones en total, y con permisu del sobrecostu, pal nuevu Hospital Central d’Asturies; ciento noventa millones pa la construcción del futuru Palaciu de Xusticia n’Uviéu; cincuenta y ocho millones poles oficines autonómiques del Calatrava; ochenta y tres millones a gastar pal proyectu de la Llaboral...

Con tantos millones y tanto baille de cifres astronómiques nun sabemos si ye muncho o poco, xusto o necesario. Pero podemos comparar. Y, nesi sentíu, la sensación xeneral de que los presupuestos tan pa incumplilos, o pa “compensar” otres operaciones cruzaes, ye demasiao bultable. Nun ye que les coses valgan muncho. Ye que valen casi’l doble de lo que teníen que valir. El volume de los sobrecostos nes obres públiques asturianes nun ye razonable. Por nun falar de los retrasos. Claro que ye complicao calcular al céntimu el preciu final d’una obra, o el tiempu que va llevar. Pása-y a tol mundu en casa cuando llama a un fontaneru y detrás vien l’albañil. Pero, señores alministradores de lo nuestro: nun tracamundien dificultá técnica con despilfarru. Nun confundan complexidá o imprevistos con incapacidá pa xestionar o pa delegar. Somos ciudadanos, nun somos tontos.

El problema de les grandes cuentes públiques ye que la xente d’a pie nun tenemos suficiente información nin criteriu. Fáltennos referentes pa ser quien a emitir xuicios definitivos. Y tenemos que nos enfotar. Pero nun nos enfotamos y el círculu viciosu del desapegu políticu sigue medrando: contra menos creemos a los políticos, menos miramos pa ellos; y contra menos miramos pa ellos, más llibertá-yos damos pa siguir alministrando lo nuestro ensin el control necesariu.

Precisamos más información. Pero nun tenemos que nos confundir: la culpa ye nuestra porque la información ta ehí. Ta mediatizada (vamos, que se da a medies) y la mayor parte ye más propaganda qu’otra cosa. Eso ye verdá. Pero si somos quien a lleer ente llínies, tolo que necesitamos saber ta nos papeles o nes pantalles d’ordenador. Si tuviéremos un negociu, nun díbemos poner a cualquiera d’alministrador. Pues esti país ye’l nuestru negociu común; ye la nuestra casa colectiva; y necesitamos que nos lu alministren bien. Y que nos enseñen cómo.

29 de julio de 2009

"Gerente, capullo, el error ha sido tuyo"


Hay que ver lo mal que nos explicamos los empresarios. Eso, desde siempre. Y ahora, para rematarlo, parece ser que en la mesa del diálogo social; ya saben, entre el gobierno, los sindicatos y la patronal; lo único que buscan los representantes de los empresarios es reventar los acuerdos. Y, por lo que se ve, lo están consiguiendo. En fin, nada nuevo: los empresarios dando argumentos para ganar amigos y mosquear al personal. Ésa es nuestra especialidad de toda la vida.

Mandar no es fácil. Y gestionar el trabajo ajeno, menos todavía. Pero si, encima, no sabemos (o no queremos o no podemos) explicar las cosas, lo menos que nos van llamar a la cara es capullo. Es más, a veces nos lo llaman también cuando las empezamos a explicar. Pero eso no es una contradicción. No. Es el precio del cambio. Y lo explico: todos somos animales de costumbres y modificar los hábitos nos cuesta más de lo razonable. Por eso, si nunca explicamos nada, la primera vez que lo hacemos no podemos pretender que todo funcione a las mil maravillas. La gente no se va a fiar. La gente no es tonta. La gente tiene el recuerdo de todos los silencios anteriores y aplica, con razón, la teoría del agravio comparativo. Establece comparaciones y recuerda todas las veces que, en casos similares, no actuamos igual. Sobre todo cuando les pedimos algo que antes no pedimos a otros, por ejemplo, a nosotros mismos. Da igual que sea un sacrificio, más responsabilidad o mayor eficacia: si la transparencia y la sinceridad no empezaron antes por nosotros mismos nunca van a funcionar.

Hace unos días, cuando el gerente del Hospital Gregorio Marañón explicó en rueda de prensa el error de la enfermera que acabó con la vida del pequeño Rayan (ya saben, el hijo de Dalilah, la primera víctima de la gripe A en España) seguramente no esperaba que las cosas se le torcieran de esa manera. Muy afectado, relató cómo la enfermera se equivocó de sonda en la incubadora y cómo todo eso acabó en tragedia. Lo admitió públicamente, lo calificó de error injustificable y, como responsable máximo del centro, dio la cara en nombre de la entidad y pidió disculpas. Eso es lo que se espera de un profesional responsable en momentos así: máxima transparencia y sinceridad. Eso es lo que toca hacer. Y, sin embargo, no funcionó.

Al día siguiente, las compañeras de la enfermera; con un toque de mal gusto, todo hay que decirlo; se manifestaron al grito de: “gerente, capullo, el error ha sido tuyo”. ¿Y por qué? ¿Qué error había cometido el gerente? ¿Qué había hecho mal si se había limitado a contar la verdad? Pues el problema era que a las compañeras no les había gustado nada que un jefe admitiera tan rápido el error de una enfermera pero no mencionara, ni siquiera de pasada, los errores de los otros responsables implicados: los médicos y los directivos. O que no hubiera actuado con la misma sinceridad y transparencia semanas atrás, en el caso de la madre; cuando otra sucesión de errores médicos también acabó en tragedia; pero nadie señaló culpables, nadie dio la cara y nadie pidió disculpas.

El agravio comparativo: ese es el gran problema. Decir la verdad está bien. Pero hay que decir toda la verdad (y nada más que la verdad). Cuando se dice solo a veces, o solo un poco, entonces no vale. Las cadenas siempre rompen por el eslabón más débil. Y la susceptibilidad es uno de ellos; sobre todo la colectiva. Por eso, en este caso, resulta ofensivo que, cuando un médico o un directivo cometen un error, lo califiquemos de decisión colectiva, compleja y difícil de entender; pero cuando el error lo comete una enfermera, lo definamos como inexcusable y fácil de explicar.

Todavía nos falta mucha educación en la transparencia. Y tenemos que empezar por nosotros mismos, por nuestras propias carencias. Admitir los errores propios es el primer paso para resolverlos. Pero, en el caso de los empresarios, es mucho más que eso: es un primer paso para adquirir esa mínima autoridad moral que nos va a permitir apuntar los errores ajenos. Y necesitamos hacerlo porque los empresarios; no hay que olvidarlo nunca; gestionamos errores ajenos. Gestionamos aciertos, talentos, esfuerzos y errores ajenos. Por eso, entre los empresarios, no creo que el problema esté en señalar a una enfermera como negligente, o al presidente del gobierno español como sindicalista radical. No. Creo que nuestro drama consiste en no haber hecho lo mismo, en ocasiones anteriores, cuando nos tocaba a nosotros.

Pedir sacrificios, dinero o sinceridad a los demás está bien. Pero, antes, tenemos que empezar por nosotros mismos.


28 de julio de 2009

Equilibriu difícil, pero con salida


Difícil equilibriu'l de los ciudadanos que vemos cómo los gobernantes usen los nuestros recursos. Les perres, vamos. Doscientos quince millones pa financiar l'ampliación del Musel, otru tanto pal Hospital Central, nunsecuantos pal Palaciu de Xusticia n'Uviéu, mira ver pa la Llaboral... y lo que nunca vamos saber: cómo pudo quedar la financiación autonómica y municipal si se llega negociar con más xeitu.

Énte esto, ¿qué podemos facer los ciudadanos? Fáltennos datos. Como contribuyentes d'a pie nun podemos conocer cómo y por qué se tomen eses decisiones. ¿Podemos entós denunciales con fundamentu? ¿Tenemos que nos callar pa llavar la ropa puerco en casa y que nun nos quiten la financiación exterior? ¿Respetar a los gobernantes ye otorgar?
La repuesta nun ye fácil pero una cosa ye cierto: contra más información tengamos meyor nos va dir. Un pueblu analfabetu ye un pueblu fácil d'engañar. Ya lo dicía Che Guevara, pero, más primero, ya lo tinía apuntao Xovellanos: la ilustración ye la llave del progresu y de la felicidá.

24 de julio de 2009

Dexen salir primero d’entrar


Anda revuelto la cosa de la sustitución política nel nuestru país. Na oposición, Alvarez-Cascos avisa que pue volver. Yo, la verdá, nun cuento que vaiga pasar. Desembarcar como’l primeru nun ye tan fácil, nin siquiera pa él. Pero’l miéu y les espectatives que ta xenerando esti anunciu diz muncho de cómo funciona angüañu la derecha asturiana.

Cascos tien personalidá; eso naide lo pue negar. Empezó na transición de conceyal y acabó recorriendo casi tolos escalones de la política española. Foi vicepresidente, ministru y secretariu xeneral y, coles sos ambiciones personales bien fartuques; sigún declaró él mesmu; hai años anunció la retirada. Pero como la palabra “nunca” significa otra cosa en política, hai tiempu que Don Francisco ta desdiciéndose. Cuando con discursos, cuando con declaraciones, va dexando caer que, pa terminar les coses qu’empezó, seique-y pagaba la pena volver arremangase. Y como nes obres públiques (y na derecha asturiana) hai tantes coses pendientes... pues esa espada de Damocles nun hai manera de posala en suelu.

Efectivamente, la nuestra derecha tien asignatures pendientes. Si me permiten la simplificación, yo diría que tres. La primera, que nun termina d’enseñase como opción ganadora. Ye verdá que con Sergio Marqués ganó una lexislatura. Pero aquello acabó como acabó y, más que como alternativa de gobiernu, los ciudadanos siguen viéndo a los conservadores asturianos como candidatos a la oposición. La segunda, que nun terminen d’arreblagar les tensiones internes: les localistes, les institucionales y les de la renovación permanente. Por dicir, nel últimu congresu, la candidatura non oficial anduvo pel cuarenta por cientu los votos. Y eso ensin tener detrás denguna agrupación aparente nin apoyos exteriores remarcables. Hai, amás, demasiaos expedientes abiertos y una cierta sensación de que tovía nun s’atopó´l camín nin el discursu mas amañosu. Y la tercera, que sigue pesando la idea de que los políticos tan na carrera mirando más el so porgüeyu personal que’l bien común. Ye verdá qu’esto ye un mal xeneral de la dedicación pública, pero cuando se dan les dos circustances mencionaes primeru; oposición permanente y divisiones internes; esto último del interés priváu gana pesu.

Por eso digo que la vuelta de Cascos más que un problema, o una solución, ye un síntoma d’otres causes más fondes. Mala solución ye que’l futuru de la derecha asturiana dependa de mirar al pasáu. Con tolos respetos, Cascos ye un activu que nun se pue marafundiar. Val. Pero si la única manera que tien Don Francisco d’integrase na tripulación asturiana ye siendo’l capitán del barcu, dalguna cosa ta fallando nos mecanismos de selección de personal. Ovidio Sánchez tien un retu: facer qu’esos mecanismo funcionen. Y buscar el meyor.

19 de julio de 2009

Bien ta lo que bien acaba


El presidente Areces acaba cumplir diez años nel cargu. Hai que ver cómo pasa’l tiempu. Echando la vista atrás, el nuestru presidente diz que ya tien toles sos ambiciones polítiques resueltes. Nun tenemos por qué nun lu creer. Tres lexislatures enteres como alcalde de la so ciudá y camín de completar la tercera como xefe del executivu asturianu enseñen un balance bayurosu. Quitando otres consideraciones, lleva ganaes seis elecciones siguíes. Y eso, hai poca xente que lo pueda dicir.

Como presidente, les tres veces que se tuvo presentando al cargu, compitió col mesmu candidatu na oposición: Ovidio Sánchez. Y siempre lu ganó. Igual por eso el señor Sánchez ya anunció que nun se diba presentar una cuarta vez y dexó abierta la carrera pola busca del nuevu candidatu nel partíu popular asturianu. Con too y con ello, inda nun sabemos lo que va facer el señor Areces, nin quien va ser el viniente cabeza de cartel socialista. (Bueno, seguramente empiece por Javier y acabe por Fernández; pero esto son coses mies; ya saben: falar por falar).

A lo que diba, como ye bien conocío, na nuestra lexislación nun hai tope de mandatos. Pero la tendencia vien siendo que’l que gana, o cuenta ganar, repite. Jordi Pujol presentose seis veces y ganó les seis; hasta que se retiró. Manuel Chaves tamién ganó les seis veces que se presentó n’Andalucía pero nun se retiró: marchó de ministru pa Madrid. Felipe Gónzalez presentose seis veces y nun siempre ganó. Perdió les dos primeres y la última, aquella derrota dolce del 96, ¿alcuérdense? Manuel Fraga intentolo en Madrid y perdió siempre. Hasta que marchó pa Galicia, onde algamó cuatro victories absolutes y una derrota final.

Lo dicho: nun hai tope de mandatos nin fórmules máxiques p’asegurar la victoria. Nin por excesu nin por defectu. L’alcalde d’Uviéu, el señor Gabino de Lorenzo, animose a ser candidatu a les xenerales depués d’algamar cuatru victories siguíes nes elecciones locales. Nun podía perder. Pero perdió. Igual que’l presidente Aznar que, reduciendo los sos mandatos a dos, contaba retirase nos niveles más altos de popularidá y ensin el desgaste propiu del poder. Y paso-y exactamente tolo contrario.

Ye mui probable que’l presidente Areces nun repita como candidatu. Pero, igual que-y pasa al so oponente, el señor Sánchez, ye demasiao nuevu pa retirase; inclusu nel país de les pre-xubilaciones; y demasiao dependiente del aparatu. Por eso-yos cuesta tanto, a los ex-presidentes y a los ex-candidatos topar una salida digna pa la so carrera. Y necesítenla. Ellos y nosotros. Pol bien de la renovación y por respetu institucional.


18 de julio de 2009

Gerente, capullo, el error ha sido tuyo


Esi yera'l gritu de mal gustu y ¿solidaridá? de les compañeres de la enfermera que cometió un error qu'acabó cola vida del pequeñu Rayán; el fíu de Dalilah, la primer víctima de gripe A n'España. A les manifestantes nun-yos gustó que'l xerente del Hospital Gregorio Marañón almitiera tan rápido l'error de la enfermera y que nun falara gota de los sos responsables perriba: los médicos y los directivos. O que nun ficiera lo mesmo selmanes atrás nel casu de la madre: otra cadena d'errores médicos que tamién acabó en traxedia pero na que nun se terminó de señalar dengún culpable concretu.
La cadena siempre ruempe pel eslabón más ruinu. Y, nel sistema hospitalariu, esi papel xuéguenlo les enfermeres. Dalgo de verdá hai nesa afirmación. Parez que si un médicu comete un error ye una decisión colectiva complicada. Pero si lo comete un enfermera, ye un error inexcusable y fácil d'enseñar y entender.
Tovía nos falta muncha educación na tresparencia. Almitir los errores ye'l primer pasu pa resolvelos. Por eso cuento qu'el problema nun ye siñalar a la probe enfermera. El drama ye más nun tener fecho lo mesmo nos casos ónde'l corporativismu nun nos dexa ver que tolos profesionales son; somos; humanos.
La verdá ye dura. Sí. Pero ayuda a meyorar. Por contra, nun tengo tan claro que l'insultu valga pa lo mesmo.

15 de julio de 2009

Si me despides, te mato


Que te mande un tirano es malo. Pero mandar a un tirano es peor. Ser jefe de un mal empleado no es fácil. Ser empleado de un mal jefe, tampoco. Ser empleado de un mal empleado es más difícil todavía. Pero, con diferencia, lo peor de todo es ser el jefe de un mal jefe. Eso; mandar sobre un jefe tirano; es lo peor de todo. Sin duda.
No pretendo liarles con juegos de palabras. Tan solo quiero aportar un punto de vista algo diferente en todo este embrollo de la disciplina, la jerarquía y el acoso laboral. Efectivamente, todo el mundo sabe que estar a las órdenes de un déspota, o de un corrupto, es muy frustrante. Es humillante y puede, incluso, llegar a destrozarte como persona. Bueno, pues ahora piensen que hasta el último de los jefes; incluso los cabroncetes; tienen un jefe por encima. Y créanme si les digo que ser el responsable de un jefe tirano es bastante peor que estar a sus órdenes.

Algunos no estarán de acuerdo conmigo, y lo entiendo. Que un jefe cabrón esté por encima tuyo es de lo peor que te puede pasar como profesional. Un tirano te coloca continuamente entre la espada y la pared. Te presiona para que hagas, digas o calles lo que él quiere: cosas ilegales, inmorales o ilícitas. Y, en caso de que te niegues, te amenaza con la degradación, la bronca o el despido. Todo eso es muy desagradable y, además, para un subordinado, las posibilidades de actuar no son muchas.

Sin embargo, para el jefe que está por encima del tirano, las posibilidades de actuar se amplían. El jefe del tirano sí que puede actuar. Puede y debe actuar. Tiene la obligación de acabar con esa situación de tiranía y para eso cuenta con el poder y los mecanismos adecuados. Aunque no siempre y, como ya dije, eso es lo peor: mandar sobre un tirano y no poder dejar de hacerlo es una situación tremendamente frustrante. Saber que una persona está abusando de otras y no poder demostrarlo, ni despedirlo, ni hacer nada para acabar con ello es muy duro. La presunción de inocencia en el trabajo debe existir; por supuesto. Pero, como ya repetí en muchas otras ocasiones, en nuestra legislación laboral, entre jefe y empleado, la presunción de inocencia no está en absoluto equilibrada. Y si hay algún caso en que ese desequilibrio es particularmente dramático, ese caso es éste.

En los conflictos laborales, nuestra legislación parte de la base de que existe una parte débil; el empleado; y otra parte fuerte; el empresario o empleador. Y que la ley, por sistema, está para defender al primero frente a los abusos del segundo. El problema viene cuando es el segundo; es decir, el empleado; el que está abusando de sus compañeros. Y, sin embargo, es el primero; es decir, el jefe; el que le está parando los pies. Pues bien, nuestro sistema laboral no está preparado para resolver este presunto intercambio de papeles entre el bueno y el malo. Y cuando se da una situación así, el jefe del tirano no solo tiene que vencer la presunción de inocencia de su subordinado sino que, además, tiene que combatirla desde el prejuicio de que, como superior, el verdadero sospechoso es él. Y para rizar el rizo, al jefe del tirano le cuesta mucho disponer del testimonio directo de los realmente perjudicados; es decir, de los subordinados de su subordinado. A veces, y es comprensible, por puro miedo de las víctimas. Pero en otras ocasiones; y esto ya no es tan comprensible; porque sobre él recae la sospecha de que pudo haber recabado esos testimonios aprovechándose de su posición superior y con el único fin de librarse de un empleado, o mando intermedio, incómodo.

Como ven, ser el jefe de un tirano es muy complicado. Y pretender dejar de serlo, todavía más. Incluso puede ser peligroso. Y no crean que exagero: el pasado nueve de febrero de este año 2009, en Barcelona, un asesino a sueldo le pegó un tiro en la cabeza a Félix Martínez Touriño. A las ocho y veinte de la mañana y en plena calle. Ahora, seis meses después, se sabe que al asesino lo contrató Manuel Moreno Blancas; empleado de Félix. ¿Y saben por qué lo hizo? Efectivamente, por miedo a que Félix lo despidiera. ¿Y saben por qué Félix lo quería despedir? Pues porque era un cabrón. Y no me refiero a Félix, su jefe. No. Me refiero al propio Manuel: un cabrón que se aprovechaba de su posición laboral para dar tratos de favor a sus amiguetes, cobrar comisiones ilegales y tener aterrorizado al personal a su cargo. Un mierdas convertido en tirano. Por eso, cuando Félix Martínez Touriño, su jefe; un profesional intachable; estaba reuniendo pruebas y argumentos para despedirle, simplemente, no le dio tiempo: un tiro acabó con su vida.

Por eso, aunque no siempre sea tan dramático, créanme: ser jefe no es nada fácil.

14 de julio de 2009

Los vagones sueltos


Baxen de preciu los pisos y sube la venta de coches. Igual que la de llibros, por cierto. Seique empieza reactivase l'actividá económica y como esto de la recesión y del consumu tien muncho de sicolóxico, cuento que lo peor de la crisis empieza pasar. Ya acabó la gran incertidume: el mundu nun va españar. Polo menos d'esta.
Eso sí; los efectos van ser pa llargo y van ser duros. D'equí a unos meses vamos tar falando de la crisis en pasáu y intentando escaecela. Pero los que sigan en paru nun van pensar lo mesmo y nun-yos vamos facer casu. D'equí a unos meses ya nun van interesar a naide. Eso va ser lo peor: ver cómo el tren echa andar y comprobar que'l to vagón sigue paráu porque nun ta engancháu a la llocomotora.

13 de julio de 2009

Conserves Albo: si me quieres, nun me compres


Dalguna cosa tamos faciendo mal cuando pidimos el boicot a los productos d'una empresa precisamente pa qu'esa empresa (non la de la competencia) nun cierre. Tontu nun soi y entiendo'l problema: si Albo marcha d'Asturies, dexamos de comprar les sos conserves. Ye un boicot, tamos rabiaos, tamos decepcionaos colos xestores y tenemos miéu...
De lo que nun m'alcuerdo ye que nunca tuviéremos entamao una campaña en serio pa comprar los productos de les empreses que son d'equí, que lleven décades y xeneraciones equí, que tienen buenos xestores y que nun cuenten marchar...
Pero bueno, ya se sabe, les coses buenes nun hai por qué contales y onde hai confianza...

8 de julio de 2009

Ciudadanu de la Unión


Los europeos nun tamos como pa dar llecciones a naide. El sieglu venti vio dos guerres civiles nuestres qu'arrastraron al mundu enteru. Pero cuando veo cómo entiende la China del sieglu ventiún la so propia unidá na diversidá (cómo traten a les otres etnies, tibetanos o uigures) nun me veo ciudadanu del vieyu continente. Veome miembru del mayor club de democracies del futuru; miembru de la Unión. Nun podemos dar llecciones a naide pero tampoco tenemos qu'avergoñanos de lo que somos. Europa tien valores qu'enseñar.

7 de julio de 2009

Traxes a midida


A Pilar Miró, muyer con tantu talentu como enemigos, ficiéronla dimitir por un par de vistíos de fiesta qu'apuntó a cargu de RTVE, de la que d'aquella yera directora. Una fatada en comparanza con toles corrupteles que vieron los años noventa. Agora, con tolo que tenemos visto d'entós p'acó, al President Camps van pillalu por otru par de traxes que, presuntamente, aceptó como regalu...
¡Claro que ye pañar el rábanu peles fueyes! Pero el problema nun ye tanto lo que-y pasó, o lo que-y costaron los regalos, sinon lo mal que ta saliendo d'ello. President Camps: la política, aparte de la ciencia de los silencios, tamién ye l'arte de la desplicación. Y de los xestos. O diz daqué o va haber otros que lo digan por usté.

4 de julio de 2009

Nucleares, d'entrada non.


Cambiar d'opinión nun ye malo. Ye bastante peor actuar namás sigún criterios y prexuicios ideolóxicos. La decisión del presidente'l gobiernu español de cerrar la central nuclear de Garoña pal 2013 parezme una d'estes maniobres pa intentar quedar bien con tol mundu y nun lo conseguir con naide. Nin cierre inmediatu nin prórroga de diez años nin plan alternativu... Nada; namás buenes palabares (y bastante ramplones).
Gobernar ye otra cosa: ye arriesgase y decidir; tener un oxetivu firme y ser flexible p'algamalu. Y, sobremanera, almitir los errores. Yo nun sé ustedes, pero a min, cuéstame ver esos rasgos nel actual executivu. Mal vamos.

Maniobras fiscales en la oscuridad


El problema no es que se paguen pocos o muchos impuestos. El problema es que siempre los pagamos los mismos. Ya saben, los de siempre, la gente de a pie, como usted y como yo, que no tenemos muchas posibilidades de evadir nada. La mayoría de los funcionarios, de los profesionales, de los autónomos y de los empresarios (sí, sí, también de los empresarios) tenemos los ingresos y los gastos tan controlados que; confesémoslo; así no hay manera de defraudar nada.

En fin. Es verdad que, a veces; confesémoslo también; pagamos cosas sin factura, es decir, sin IVA. O que nos quedamos con una parte de las dietas que no gastamos y que no tributan en renta. O que, incluso, compramos películas piratas en el “top manta”. Pero tampoco hay que exagerar. Eso no son fraudes de verdad. Eso son picarescas, triquiñuelas, asuntos menores: un pequeño toque de sal para animar un poco las comidas.

Los ricos, los ricos de verdad; esos son los que tienen los mecanismos y los recursos para contratar a los mejores asesores fiscales y a los mejores abogados y así pagar menos impuestos. Y, además, lo hacen a escala millonaria. Ahí, ahí es donde deberíamos poner el acento. Antes, en los años ochenta, cuando eso de la cosa fiscal empezó a ponerse serio, se interpretaba que los presuntos defraudadores eran, por definición, los empresarios. Y algo de razón había; para qué nos vamos a engañar. En aquella época, muchos de los cálculos se hacían “por módulos”; es decir, por tipo y tamaño de negocio, independientemente de lo que ese negocio concreto estuviera facturando y ganando. Y el truco era no llamar la atención: hacerse los tontos y los pobres. Y, en mi opinión, de ahí, de ahí precisamente viene la fama, y la costumbre de muchos empresarios de estar siempre quejándose, escondiendo y maquillando las cuentas y confundiendo la discreción con el secretismo. -¿Qué tal te fue el año? Bueno, vamos tirando...- Y así, en esa ambigüedad calculada, mezclando los gastos y los ingresos privados con los de la sociedad, muchos empresarios iban ocultando sus cosas a hacienda y seguían tirando. Aunque tuvieran un Mercedes aparcado a la puerta.
Pero ahora las cosas ya no son así. Ahora las cosas son de otra manera. Ahora, en las empresas, la transparencia; por voluntad y, sobre todo, por obligación; es mucho mayor. Ahora hay que depositar las cuentas, hay que auditar las sociedades, hay que archivar y justificar hasta la última factura, hay que cuadrar el iva... Y, sobre todo, ahora, hacienda es capaz de cruzar los datos y hacer comprobaciones tan exhaustivas y puñeteras que es mucho más fácil, práctico e incluso barato, molestarse en hacer las cosas bien que liarse a hacerlas mal. ¿Quiere eso decir que ya no hay fraude fiscal? Pues no. Por supuesto que no. Lo que pasa es que, ahora, el fraude fiscal está en otra parte. Ahora las grandes bolsas de fraude fiscal ya no están entre los empresarios. Ahora las grandes bolsas de fraude fiscal están entre los profesionales, entre los ejecutivos de las grandes compañías, entre los francotiradores de alto nivel. Ahí, ahí es donde creo que deberíamos poner el acento si queremos mejorar la recaudación fiscal en los próximos años.

No invento ni descubro nada. Piénsenlo un poco: no es casualidad que una parte de la crisis económica mundial viniera precisamente de ahí; de la falta de control que tuvieron los pequeños propietarios de las grandes compañías sobre sus todopoderosos ejecutivos. Sobre sus sueldos millonarios que se auto-asignaron por “stock options” y que ocultaron a hacienda a través de sociedades interpuestas y demás trucos bananeros. O sobre el coste de sofisticados informes de asesoría, consultoría o mangantería en general, elaborados por profesionales y despachos afines y que nadie, fuera del círculo de los iniciados, se atrevió a cuestionar. Casi todas las tramas de corrupción; incluidas las financiaciones irregulares de los partidos políticos; se basaron (y se siguen basando) en estos tres instrumentos que acabo de mencionar: salarios desorbitados, informes tapadera y ocultaciones al fisco. Por eso creo que ahí, precisamente ahí, es donde deberíamos poner el acento a partir de ahora.

A mi no me parece mal pagar impuestos. No digo que me guste; pero no me parece mal. Lo que no quiero es que nadie, ni los empresarios, ni los autónomos, ni los funcionarios, ni los trabajadores, ni los ejecutivos, ni los asesores honrados (que sí, que les juro que existen algunos) tengamos que compensar la cara dura y las maniobras fiscales en la oscuridad de algunos sinvergüenzas que nos metieron en todo este lío.

Ahí, ahí es donde creo que deberíamos actuar.

3 de julio de 2009

El mapa’l tiempu



El tiempu pasa y va dexando buelgues de lo que nunca fuimos. En fín; igual la madurez ye eso: estremar lo que nun depende de nós y concentrase no que podemos ameyorar porque, eso sí, ye cosa nuestra. Lo contrario, renegar de lo que nun conocimos pa evitar lo que tovía podemos facer ye una manera cómoda de nun tener qu’enfrentanos a nosotros mesmos. Ayer camudaron el mapa del tiempu na televisión vasca. Yera ún de los puntos del acuerdu d’investidura del nuevu gobiernu. Y nun crean que lo digo en broma. Non. La política ye l’arte de los símbolos y esti nun ye de los peores.

Hasta agora la televisión vasca, gobernada pol PNV, enseñaba los siete territorios históricos de fala vascuence nun espaciu únicu, ensin fronteres interiores. Pero, eso sí, bien estremao del restu’l mundu qu’aparecía en blancu. Dende ayer, con un lehendakari socialista, les coses cambiaron. Agora hai unes llínies sutiles qu’enseñen la estremadura ente Navarra, Guipuzcoa, Vizcaya, Lapurdi, Zuberoa, Benafarroa y Alava. Ello ye, el mapa’l tiempu vascu sigue ensin ceñise al espaciu propiu de la comunidá autónoma; sigue incluyendo territorios afuera de la so competencia (tampoco habia que pasase). Pero, eso sí, agora train la rayina precisa pa que nun se diga qu’hai imperialismu. Y hai más: pa que naide proteste por incluir el tiempu nestes zones sospechoses de construcción de la “gran patria meteorolóxica euskalduna”, d’equí pa en delantre, tamién van aparecer soles, o nubes, enriba la Rioxa o Cantabria. Y ye que parez ser qu’hai munchos televidentes vascos que van ehí de vacaciones. Lo que, la verdá, como argumentu, nun sé si ye pa meyor o pa peor.

Sigue llamándome l’atención el pocu interés políticu y real por vincular territorios dientru d’España; la paranoia pol munchu peligru que parez añerar amatagáu dientru la xuntura d’Euskadi con Navarra; o de Cataluña con Valencia; o ¿d’Asturies con Lleón? Y, en fín, y por contra, la obsesión, cara al exterior, pola xuntura d’esos mesmos territorios. Puertes afuera, nun podemos dir separaos. Puertes adientro, que naide se xunte con naide.

Seique porque una imaxe val más que milenta palabres, pero hai que ver lo fácil y tonto que ye poner un mapa’l tiempu pa que tol mundu se ponga nerviosu. Ye fácil porque nun compromete a nada nin obliga a recalcular votos o presupuestar servicios. Y ye tonto porque la xente tómalo en serio. Igual por eso yera cosa de poner na TPA un mapa’l tiempu con Asturies, Lleón y Zamora, l’Asturies de Santillana y Miranda’l Douru. Más que nada por tocar los pies agora que tamos colo de la financiación. Ya m’entienden.


1 de julio de 2009

La xusticia tien qu'espabilar


Madoff condenáu a 150 años. Ya saben, la cara visible del pufu piramidal de los super borkers de Wall Street y demás pómpares. A la cárcel. Y lo que-y queda. Ye un recáu claru a los damnificaos: esto va en serio. Y, pa mayor abundamientu, a seis meses d'empezáu el casu. Vamos, igual que a esti lláu del atlánticu col casu Gescartera, que lleva más de seis años, cien veces menos d'importe y mil veces más desesperación pa los implicaos. En llatín suena más elegante y más xurisprudente, pero n'asturianu entiéndese meyor: la xusticia que tarda nun ye xusticia.

La llibertá: les regles de xuegu clares.


Toles revoluciones son iguales. A lo último ye verdá que nun somos tan diferentes. Pero lo qu'estrema a los manifestantes de la revolución verde n'Irán de los que, n'Hondures, griten al presidente depuestu "Nun vuelvas, nun vuelvas" tien más que ver colos medios que col fin.

Los iraníes arriesguen la vida pa ser a respirar más llibertá. Y pa poder posala nes urnes. Los Hondureños qu'apoyen el golpe prefirieron l'atayu de nun esperar siete meses y ganar pela fuerza lo que nun fueron a ganar pelos votos.
Nun ye cuestión de paciencia: ye de fondu. La democracia, les instituciones, les regles del xuegu nun son un formalismu. Son la diferencia énte civilización y caprichu. Son, a lo último, les que nos permiten tener, de verdá, llibertá.