25 de septiembre de 2009

Cuidáu coles lleis


Tolos partíos sufren el problema del tresfuguismu. Si los datos nun me fallen, n’España hai diez ayuntamientos que pasaron d’esta manera a manes de los socialistes y dieciséis a les de los populares. Nun tengo los datos de los partíos más pequeños, pero, n’Asturies tenemos el casu evidente del conceyal de Piloña, José Angel García, “Allende”, al que la comisión antitresfuguismu declaró tresfuga por dexar al so partíu, Izquierda Asturiana, pa pasar a ser Teniente Alcalde col PSOE. Y ellí sigue.

La llei nun pue facer munchu nestos casos porque, en derechu, les actes de cargos públicos pertenecen a les persones. Non a los partíos o a les llistes peles que se presenten. Non. Y la razón hai que buscala n’eso que se conoz como principiu de soberanía nacional. Ello ye, los representantes nes instituciones parlamentaries españoles; en toes y caúna d’elles; nun representen a los sos votantes. Nin siquiera a la so circunscripción. En derechu, representen namás qu’al conxuntu de los ciudadanos; a la nación española. Y, sí, ya sé qu’esto suena raro nun sistema políticu como l’español nel que ta mui mal vistu declarase nacionalista. Mesmo de les naciones perifériques que de la propia nación española. Pero esa ye la realidá, nun hai que se confundir. En términos xenerales, el discursu mayoritariu anecia en que’l nacionalismu; en principiu cualquiera d’ellos; ye malo, pero la llei, empezando pela Constitución, lu consagra de manera inequívoca.

Otra manera, ye verdá que vivimos nuna partitocracia. Ello ye, nun sistema onde los que manden de verdá son los partíos. Afuera d’ellos; y sobremanera de los dos mayoritarios; hai poco que facer. Ún de les cuestiones más evidentes ye que resulta mui raro ver un diputáu votando encontra’l mandáu del so grupu parlamentariu. Disciplina de votu, lu llamen. Pero ye una convención interna, un pautu tácitu, la confirmación del famosu principiu del que’l que se mueva nun sal na semeya. Pero, en derechu, nun hai denguna disposición llegal qu’enconte esta práctica. Ye más, en casu de contradicción nun hai denguna dulda: los diputaos puen votar lo que quieran y cambiar de grupu cuando quieran.

Nun sé si esto ye necesariamente bueno o malo. Lo que tengo claro ye que, si de verdá ye tan pernicioso pa la democracia, esti ye un casu claru nel qu’habría que cambiar la llei. Y la constitución. Lo que pasa ye que, igual pola nuestra mentalidá tan poco práctica, préstanos demasiao consagrar grandes principios nes lleis y depués sorprendémonos cuando tenemos que los aplicar. Por eso hai que tener bien de cuidáu cuando s’apreben les lleis. Porque depués hai que les acatar. Y eso resquema.

23 de septiembre de 2009

Mejor para todos y mejor para mí.


SI miran a su alrededor, verán que existen cuatro tipos de personas: los tontos, los malos, los buenos y los listos. Y, sí, ya sé que es una simplificación. Pero no se dejen engañar por las apariencias: entender la diferencia entre unos y otros es mucho más difícil de lo que creen y fundamental para tener éxito en la vida, en el mundo del trabajo, de las relaciones profesionales y de la empresa. O, por lo menos, para pasar por todo ello sin demasiados disgustos.


Vamos a empezar por el principio, por el grupo más peligroso de todos: el de los tontos. Es importante identificarlos bien y nunca bajar la guardia. Los hay en todas las clases sociales, profesiones, épocas, países y niveles culturales. Se reconocen porque son aquellas personas que causan un daño a los demás sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para ellos, o incluso obteniendo un perjuicio. Y, como explica muy bien el profesor Carlo M. Cipolla en su libro 'Allegro ma non troppo' (corran a comprarlo a la librería, pero ya), la primera ley de la estupidez humana es que «siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan en el mundo».

Efectivamente, la tontería humana no conoce límites. Y es importante no confundirla con la maldad, porque no es lo mismo. Ni de lejos. Una persona malvada es aquella que causa un mal o un perjuicio a los demás para conseguir un provecho para sí mismo. Hay, por lo tanto, una cierta finalidad en sus acciones, en su egoísmo. El malvado, además, puede actuar de manera inteligente o estúpida. En el primer caso obtendrá más beneficio propio que perjuicio causado. Y en el segundo, al revés: hará mucho daño para conseguir un beneficio muy pequeño. Pero, insisto, en sus acciones hay siempre una finalidad clara; egoísta y clara.

Los buenos, por contraste con los malvados, son aquellas personas que piensan más en el beneficio ajeno que en su propio interés. Y, al igual que los malos, también pueden ser listos o tontos. Si son listos, aumentarán la proporción de beneficio, ajeno y propio, obtenido. Y si son tontos sufrirán más, porque la búsqueda altruista del beneficio ajeno les ocasionará demasiados disgustos propios.
Los listos, finalmente, son aquellos que saben actuar buscando su propio beneficio y proporcionando beneficio a los demás. No lo hacen por altruismo ni por egoísmo; lo hacen por inteligencia: porque son capaces de ver la relación entre las dos ganancias. Y eso, precisamente esa capacidad de visión, es lo que los identifica. Si una persona inteligente actúa, además, movido por la bondad, empezará esta ecuación del beneficio mutuo pensando en los demás. Si, por el contrario, actúa movido por la maldad, lo hará pensando exclusivamente en su bien. Pero en ambos casos, evitará causar cualquier daño innecesario. A él y a los otros. Y eso, esa capacidad de buscar el beneficio común y evitar el perjuicio gratuito, es lo que diferencia a las personas listas de las tontas.

Listos, tontos, malos y buenos no son, además, categoría puras: se pueden combinar. Pero, eso sí, sólo dos a dos y nunca entre antagónicos. Es decir, se puede ser listo y bueno o listo y malo, pero nunca listo y tonto. Por otra parte, estas cuatro categorías tampoco son constantes: todos actuamos, o podemos actuar en algún momento de nuestras vidas, de cualquiera de las cuatro maneras. Y nadie, ninguna clase social, profesión, época, país o nivel cultural está exento. Hablando en plata: que existe la misma proporción de empresarios tontos que de sindicalistas, anestesistas, soldadores o políticos tontos. Exactamente la misma. Por eso es importante reconocerlos y escapar de ellos a la carrera. Sobre todo si hablamos de empresarios. En situaciones así, háganme caso, no lo piensen dos veces; si les toca un empresario tonto, huyan a toda velocidad. Sin mirar atrás. Da igual que sea buena o mala persona. Pero, por el contrario, si tienen la posibilidad de fichar por un empresario listo, no lo dejen escapar: vigílenlo. Y si descubren que, además de listo, es bueno, entonces péguense a él, ayúdenle, esfuércense, trabajen duro con y para él. Entréguense y no escatimen su talento, porque si hay algo que necesita una buena empresa es gente con talento, como usted. ¿Y cómo sé que usted tiene talento? Bueno, pues, entre otras cosas, porque aguantó leyendo hasta aquí y eso dice mucho a su favor... Pero, volviendo a lo que íbamos: trabajar con y para un empresario listo y bueno le beneficiará a él y a su empresa, por supuesto, pero, sobre todo, le beneficiará a usted.

Y es que la inteligencia de una persona también se mide en función de cómo escoge a sus jefes.

18 de septiembre de 2009

Y venga enredar colos cuatrocientos euros


Hai que ver lo que tan dando de sí los famosos cuatrocientos euros. Empiezo pel final: Zapatero anuncia una suba d’impuestos y cífrala, elli mesmu, nel 1,5 % del PIB. Eso supón unos dieciséis mil millones d’euros. Si dividimos esta cantidá ente cuarenta millones de contribuyentes, ¿saben a cuanto tocamos? Pues eso: a cuatrocientos euros por cabeza.
¿Suéna-yos la cifra? Efectivamente, son los mesmos cuatrocientos años que, en plena campaña electoral, Zapatero prometió devolver a cada español. Un viaxe d’ida y vuelta ablucante: primero promete que nos los va devolver; depués descubrimos que lo único que fai ye nun retenenoslos; y agora, pa ciarrar el círculu, enseña la so intención de recaudalos vía impuestos.

Dalgunos puen argumentar que los primeros cuatrocientos euros “a devolver” yeren lliniales, iguales pa tol mundu; ello ye, d’izquierdes. Y que, por contra, estos otros cuatrocientos euros “a recaudar” son namás pa les rentes más altes, y van ser, polo tanto, desiguales; ello ye, de dereches. Pero, na mio opinión, prexuicios y tonteríes aparte, entrambes les dos afirmaciones son inexactes. De mano, porque cuento que prometer cuatrocientos euros pa cada contribuyente, ensin valorar la so renta real, nin la so situación económica particular, supunxo un error y una frivolidá graves. Nun ye namás que se tratara por igual al banqueru y al chofer del banqueru. Non. Ye que maltratose y dexose afuera d’esta midida a tolos paraos, los estudiantes, los amos de casa o los pensionistes que, ta claro, necesitaben más que naide esti “incentivu”. Y, en segundu llugar, por contra, porque con esta suba d’impuestos, tampoco ye verdá que vaigamos incidir namás que nes “rentes más altes”. Non. Eso, con ser discutible, igual pasaba si se contara tocar namás la escala superior del IRPF. Que, como’l so nome indica, ye l’impuestu de la Renta. Pero non: lo que va tocase van ser los fondos d’inversión y, a lo que parez, l’IVA. Ello ye, va penalizase la prudencia de tolos qu’aforren y el consumu de los que más lo precisen. Y nun digo qu’esto seya malo: digo que, como política, ye contradictorio.

Y pa terminar de rematala, tenemos l’ayuda de los cuatrocientos venti euros. Una cifra sospechosamente hermana a la del salariu social y a la de les pensiones non contributives. Pero que, al pervertilos aplicandolos namás qu’a aquellos a los que se-yos terminó’l paru esti añu; con un claru interés estadísticu; vuelve dexar afuera a los que más lo necesiten: a los paraos de llarga duración o a los que nunca entraron nes llistes.

Conclusión: siguimos enredando (y mal) colos mesmos cuatrocientos euros de quita y pon.

11 de septiembre de 2009

Idees o engarradielles


Criticar ye fácil. Lo difícil ye aportar soluciones. Tolos gobiernos dicen que la oposición nun fai otra cosa que criticar y toles oposiciones dicen que los gobiernos nun son a solucionar los problemes reales de la xente. Y lo peor ye qu’entrambos los dos suelen tener razón. ¿Por qué? Bueno pues igual porque, con tolo malo que echamos d’ellos, a lo último siguimos esperando demasiao de los políticos.
Nel casu asturianu, cuesta ver una alternativa a l’actual alministración. Y esto nun ye una crítica, ye una constatación. A estos altores de la lexislatura nun hai un candidatu, o candidata, a la presidencia del Gobiernu y, polo tanto, munchu menos un gabinete na solombra, al estilu británicu, que lu enconte. Nun hai un cartel visible y, asina, les declaraciones del portavoz popular, nel plenu institucional pol día de la nación asturiana, diciendo que’l Gobiernu d’Areces taba “agotáu y ensin idees” nun aporten nada. Da igual que seya verdá o non. Lo importante, lo decisivo de verdá, ye convencer a los ciudadanos que la oposición sí tien eses idees y que, a lo último, son meyores que les del executivu.

Nel casu español, el panorama ye un poco distintu. Pero un poco namás. Eso sí, la oposición tien un candidatu claru y atrévome a dicir qu’un programa alternativu qu’enseñar. Otra cosa ye qu’aneciemos en nun querer velu o en distraenos col xuegu d’acusaciones cruzaes y otres frivolidaes. Por exemplu: esta mesma selmana, el líder de la oposición española, a preguntes de los internautes, declaró que les sos prioridaes en materia económica diben ser, y cito: “un plan d’austeridá y control del gastu públicu, una rebaxa d’impuestos a los emprendedores, la resolución del problema del créditu y cinco reformes estructurales; en concretu enerxía, llaboral, xusticia, educación y unidá de mercáu”. Bonu, yera un resume rápidu y interesante qu’enseñaba una alternativa a l’actual política. ¿Resaltose eso en dalgún titular? ¿Provocó nueves preguntes d’otros internautes pa qu’afondara n’ello? ¿Anubrió les crítiques de la falta d’idees? La repuesta ye non. Ente otres coses porque, n’esa mesma entrevista, preguntáron-y qué pensaba de la foto de ministros socialistes llevantando’l puñu nel mitin de Rudezmu, y el señor Rajoy contestó que-y daba igual, que-y parecía triste y antiguu, pero que mientres nun-y pegaren col puñu, daba-y igual. Y, claro, eso foi lo que rescampló nos titulares, nes polémiques y nos comentarios de los díes siguientes.

Pa que depués digamos que queremos que los nuestros políticos aporten idees de gobiernu en cuenta tar tol día engarrándose ente ellos. Ye mentira: préstanos más una engarradiella qu’una idea.

9 de septiembre de 2009

Nuestros abuelos madrugaron, eso es todo


NADA de lo que tenemos es gratis. Detrás de nuestro estilo de vida, de las escuelas y hospitales que pagamos con nuestros impuestos, de las empresas en las que trabajamos, de nuestros programas de televisión favoritos, hay un esfuerzo de décadas. Varias generaciones se sacrificaron, pusieron lo mejor de su talento y muchas horas de su trabajo para construir un mundo mejor para nosotros. Y lo consiguieron. Con muchas carencias, muchos errores y muchas imperfecciones, pero lo consiguieron.

No vivimos en un mundo perfecto. El hambre, la injusticia, la miseria sigue siendo una realidad diaria para la mayoría de los habitantes de este planeta. Pero estamos mejor que hace cien años. Las posibilidades que tenemos, todos, de llevar una existencia digna, de no estar sometidos a los caprichos de cualquier cacique, de poner en marcha un negocio sin tener que pagar sobornos, son ahora mucho mayores que hace un siglo. Nos queda mucho por avanzar. Sí. Pero, a veces, echar la vista atrás nos ayuda a entender mejor cuál es el camino que debemos recorrer en el futuro, qué errores no podemos volver a cometer y en qué aciertos debemos insistir.

Haber llegado hasta aquí no fue fácil. Muchos de nuestros mayores tuvieron que emigrar -primero a América, más tarde a Europa- para escapar de la miseria y buscar un futuro mejor. Nos matamos en guerras civiles -primero asturianas, luego españolas, más tarde europeas o mundiales- que se llevaron lo mejor de la juventud de aquel tiempo y todas sus esperanzas. Y nos libramos de dictaduras interminables y crueles que sacaron lo peor de nosotros mismos: el conformismo del que todo lo denuncia pero no hace nada, el egoísmo del que mira hacia otro lado y piensa que los problemas dejan de existir por sí solos, el cinismo del que actúa mal pero progresa socialmente arrancando ventajas al sistema... Efectivamente, el camino fue difícil. Pero nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres, fueron capaces de superarlo todo, de renunciar a mucho y de sentar unas bases de convivencia común que les permitieron avanzar, abrir sus mentalidades y progresar. Y ahora, junto a cientos de millones de conciudadanos, formamos parte del mayor club de democracias del mundo: la Unión Europea.

Volver atrás es absurdo. Ni siquiera el más tradicionalista de los conservadores quiere lavar su ropa en el río. Pero reconocer la carga de esfuerzos y renuncias de los que nos precedieron es de justicia. Nuestros abuelos y abuelas trabajaron duro bajando a la mina o saliendo al mundo a vender sin saber nada de márketing relacional. Nuestros padres y madres apostaron el dinero que no tenían en proyectos inciertos sin más aval que su sacrificio, o asumieron el pluriempleo para poder llegar mejor a fin de mes. No había horarios, no había ingresos fijos, no había seguridad. Pero había interés por mejorar, había sacrificio, había ambición. Y eso fue lo mejor que nos dejaron: un sueño, un proyecto creado con mucho esfuerzo.
Nosotros vivimos mejor que ellos. Tenemos más cosas, más libertades y más posibilidades. Sin embargo, estamos en crisis. Y estamos en crisis porque, por primera vez en muchos años, el futuro que nos espera es más incierto que el pasado que dejamos atrás. Estamos en crisis porque muchas de las expectativas que nos construimos nunca se realizaron. O directamente nos explotaron en la cara en forma de burbujas inmobiliarias o laborales.

Ahora, nuestro peor enemigo es el miedo. Miedo a no cumplir nuestras propias expectativas, miedo a la incertidumbre, miedo al futuro, miedo al miedo mismo... Lo peor del paro no es la falta de trabajo; lo peor es la falta de esperanza: no saber qué va a ser de nosotros, no tener horizonte ni proyectos, esperar a que otros resuelvan el problema. Por eso, si una cosa está clara, es que de esta crisis no podemos salir con improvisaciones. No vamos a superar este bache estableciendo más divisiones entre ricos y pobres, entre trabajadores y empresarios, entre autónomos y funcionarios. No podemos superar esta recesión con discursos revanchistas o populistas, amenazando con despidos libres o repartiendo cheques-bebé. Tenemos que predicar con el ejemplo, recortar gastos y aplicar el sentido común. Si con ocho años cotizados un diputado ya tiene derecho a una pensión vitalicia, ¿qué nos impide al resto de ciudadanos pedir la misma cobertura?

Necesitamos mirar atrás, respirar hondo y poner las cosas en su justa medida. No va a ser fácil, pero tampoco imposible. Nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres, pasaron épocas peores y las superaron. Nosotros también sabremos estar a la altura. Se lo debemos.

4 de septiembre de 2009

Impuestos


Los impuestos son una cosa mui seria. Una ferramienta peligrosa que pue provocar grandes males o grandes remedios. L’alministración Zapatero acaba anunciar la so intención de subilos “de manera temporal y namás que pa les rentes más altes”. Personalmente parezme la confirmación d’una estratexa enquivocada. Mui enquivocada. Y lo que ye peor: una estratexa enquivocada que va provocar unes consecuencies totalmente opuestes a les intenciones (quiero contar que buenes) de l’executivu que les ta promoviendo.

Los impuestos valen pa munches coses. Ente otres sirven pa re-equilibrar les rentes. Seique esta ye la so función más conocida y popular. Los que más ganen contribuyen más y asina l’alministración pue invertir ayudando a los que menos tienen. Esa ye, por exemplu, la función básica del IRPF que, por definición, ye un impuestu progresivu y escaláu. Ello ye, un impuestu nel que nun paga tol mundu lo mesmo; nin siquiera paga más pero na mesma proporción. Non. Por contra, nel IRPF, contra más alta seya la renta, más se multiplica la escala y más crez la desproporción. Y asina les rentes más baxes paguen cero y les rentes más altes paguen hasta’l cuarenta y cinco por ciento de tolo que ganen. Ye, polo tanto, un impuestu mui mui desigual y eso ta bien: esa ye la so función, tenémoslo asumío y furrula.

Ensin embargu, sigún el propiu Zapatero, nun ye l’IRPF l’impuestu que se va tocar. Cosa que parez contradictoria con tola retórica anterior y que, amás, nun podemos dar por segura, por dos razones. Una porque, hai tres meses, el propiu presidente ya anunciara que nun contaba subir dengún impuestu, y miren agora. Y dos, porque cola segura eliminación de la devolución de los famosos cuatrocientos euros, que tan frívolamente valió como reclamu electoral, y qu’agora parez dase por amortizada, ya se ta modificando “dafechu” la escala del IRPF.

¿Qué impuestos se van tocar entós? Pues, a lo que parez, la cosa apunta a les rentes de capital. Dicho asina suena mui d’izquierdes, mui progresista y mui igualitariu. ¿Por qué digo, entós, qu’esta suba impositiva va traer males consecuencies? Pues porque los impuestos tamién valen pa re-orientar, pa direccionar, pa empobinar l’actividá económica. Y ehí ye onde cuento que’l gobiernu español ta aneciando en dos decisiones enquivocaes. Una, fomentar el gastu envede la inversión, devolviendo primero cuatrocientos euros del IRPF pa que se gasten (cosa qu’agora va correxise) pa subir agora los impuestos a les rentes de capital, ello ye, castigando l’aforrru de les families y los inversores. Y dos, enfotándose n’ampliar el paru (con bien de chapuces y contradicciones), envede centrase en posibilitar la creación d’empléu.