31 de octubre de 2009

Coles perres d’otros


Ye tremendo lo que ta pasando en Siero. El Tribunal de cuentes acaba condenar al alcalde actual, Juan José Corrales, del PSOE, y al alcalde anterior, Jose Aurelio Alvarez, del PP, a devolver setecientos cuarenta y picu mil euros al conceyu. Del so bolsu. Viendo esto, más de ún podría pensar que ye otru casu de corrupción; otru escándalu más d’alcaldes que meten mano na caxa común pal so provechu particular; otru pelotazu. Pero non.
Esa nun equí ye la cuestión. Equí nun se dio enriquecimientu personal de los alcaldes condenaos. Equí, en Siero, los setecientos cuarenta y picu mil euros aplicáronse a pagar aumentos salariales a los funcionarios municipales perriba de lo establecío pola llei presupuestaria. Vamos, lo que se diz una negociación del conveniu colectivu entusiasta.

Los alcuerdos tomáronse en plenu, nun hubo intención d’anubrilos, la decisión foi pública y notoria, con lluz y taquígrafos. Sí. Pero nun fue llegal. Había, inclusu, evidentes alvertencies de la interventora municipal y, col pasu los años, de distintes instancies xudiciales que lo recalcaben. Pero, a lo que se vé, nun se-yos fizo demasiao casu. Y agora toca devolver les perres.

Ye verdá qu’hai tiempu que se tan empezando devolver eses perres. Pero, pa qué nos vamos engañar, la cosa nun pinta fácil. De mano, a los fallecíos y retiraos, va tar complicao descontá-yoslu del sueldu. Y a tolos demás, nun sé cómo se va enfocar la cuestión de los intereses. En cualquier casu, esta sentencia y too esti culebrón del ayuntamientu de Siero, enseña a les clares la importancia de cumplir les regles de xuegu. La clave nun ye namás tener bones intenciones. Lo decisivo nun ye tampoco que naide proteste o que a naide perxudique lo que facemos de manera directa. Non. Lo fundamental ye qu’hai unes regles de xuegu que tenemos que cumplir. Somos servidores de la llei. Y el problema, el verdaderu problema, ye que siempre vemos una contradicción énte reglamentación y eficacia. Munchos alcaldes dicen que si tuvieren que cumplir con tolo que diz la normativa, nun podríen mover un déu. Y munchos otros aseguren que tan asumiendo un trenta por cientu de funciones que, en realidá, nun-yos competen.

Y, en fín, que por eso hai tantos problemes de financiación municipal.
Esta sentencia tendría que facenos reflexonar. Naide quier que los dos alcaldes imputaos tengan qu’arruinase y, por eso, les muestres de solidaridá son sinceres y xenerales. Pero la llei ye una cosa mui seria y hai que la cumplir siempre.

Y más cuando se ta mirando poles perres d’otros.



24 de octubre de 2009

Naide dixo que fuera fácil


Montserrat Nebrera acaba marchar del Partíu Popular de Cataluña dando un portazu. Nun ye la primera que lo fai y apuesto lo que quieran a que nun va ser la última. Alcuérdome agora de Juan Morales, Ricardo Costa o del propiu Sergio Marqués. Y, por descontao, ya sé que los cuatro casos qu’acabo mencionar nun tienen nada que ver énte ellos. Pero bueno, nun tienen nada que ver énte ellos quitando que los cuatro marcharon del PP siendo figures importantes dientru’l partíu. Demasiaes casualidaes como pa nun sacar conclusiones.

La política ye dura. Montserrat Nebrera perdió un congresu col cuarenta y tantos por cientu de los votos; una derrota de lo más digna. Pero un dignidá que nun-y valió el respetu de la dirección sinon tolo contrario. A Juan Morales pasó-y prácticamente lo mesmo y acabó sospechosamente igual: al añu y picu de perder un congresu internu, terminó marchando del partíu. Ricardo Costa nun perdió dengún congresu. Yera’l secretariu xeneral pero echáronlu porque-y pidieron un plus de responsabilidá que nun-y pidiríen si fuera un militante cualquiera. Lo que suena bien pero llama l’atención porque esi plus de responsabilidá nun-y lu pidieron, con más razón, al so superior inmediatu: al presidente del partíu, el señor Camps. Suponse que por respetu institucional, pero ye qu’esi respetu nun lu tuvieron col presidente Marqués al qu’echaron del partíu en mediu la lexislatura y, la verdá, tovía nun sabemos demasiao bien por qué.

En fín. Nun quiero qu’interpreten les mios palabres como un ataque a los partíos políticos a bultu. La política ye cruel y tien unes normes internes qu’hai que respetar. Una d’elles ye saber perder: si pierdes un congresu, perdiste. Y toca aguantar, tener paciencia y esperar meyor ocasión. Y si lu ganes tamién hai que saber ganar: integrar a los críticos o tirar p’alantre. Pero xugar llimpio en cualquier casu. Y tengo pa min qu’eso, la falta de regles clares que permitan saber a qué atenese, ye lo que más torga la captación y promoción de talentos dientru los partíos. Llistes abiertes, dicen dalgunos. Bueno, ye una idea, pero non la panacea. Miren si non lo que pasa nes elecciones al senáu, onde hai llistes abiertes pero la xente votamos a bloque. Primaries dicen otros. Val. Pero miren lo que-y pasó al señor Borrell, que les ganó nel PSOE o al señor Almunia que les perdió.

Regles de xuegu más clares. Saber perder y saber ganar. Y ser conscientes que la política ye un sistema imperfectu onde nos representa aquel al que los ciudadanos, o los militantes, voten. Naide dixo que fuera fácil.

21 de octubre de 2009

Enchufes y ladrones (y no hablo de electricidad)


SI les dicen que la gente no quiere trabajar, ustedes, simplemente, no hagan caso; es mentira. Pues claro que la gente quiere trabajar. La inmensa mayoría de las personas que conozco lo que no quieren es ser explotadas, contratadas irregularmente o menospreciadas. Pero con un horario civilizado, un salario digno y una responsabilidad razonable, todo el mundo está encantado con la idea de trabajar, de llevar un sueldo a casa. Esa es la realidad y es fácil de comprobar. Por muy tontos que seamos algunos jefes y no sepamos distinguir entre lo que todos decimos y lo que, de verdad, necesitamos.

Todos queremos mejorar, progresar socialmente y avanzar en nuestra profesión. Todos queremos ir a más, y eso está muy bien: esa ambición es uno de los motores que mueve el mundo. Por eso es tan importante disponer de oportunidades constantes que nos permitan demostrar lo que valemos.

Una azafata de congresos necesita saber que lo que hace es importante para su empresa, que cuando sonríe y trata con rigor a un cliente, eso se valora y se tiene en cuenta para seguir contratándola o para ascenderla. Igual que un mecánico de camiones o una profesora de universidad. Todos, todos, necesitamos sentirnos valorados y evaluados constantemente. Es muy triste comprobar que no importa lo que hagamos porque ya está todo el pescado vendido y nadie se va a mover de su silla. Es muy triste ver a los que mandan apoltronados en sus sillones sin hacer nada mientras hay talentos desperdiciados porque no encuentran una oportunidad para demostrar lo que valen. Es muy frustrante presentarse a una oposición y comprobar que la plaza ya estaba dada. Por eso, los mayores enemigos del progreso social, aparte del miedo y la corrupción, son, sin duda, los enchufes y los ladrones. Y no estoy hablando, precisamente, de material eléctrico.

A ver. Los informes y las recomendaciones laborales están muy bien. Nuestra trayectoria anterior y nuestros pequeños o grandes logros del pasado dicen mucho de nosotros. Mucho más que un título oficial, un examen muy sesudo o un test psicotécnico. De ahí que recabar información personal puede ser muy clarificador desde el punto de vista laboral. Y voy a explicarlo: a la hora de evaluar a un profesional lo fundamental es conocer sus competencias y sus habilidades. Es decir: qué sabe hacer y cómo lo va a hacer. Y para eso es muy enriquecedor conocer cómo se enfrentó a situaciones similares en el pasado, cómo las resolvió y qué aprendió de todo aquello. Y no estoy hablando necesariamente de experiencia laboral. Y mucho menos de cotilleos.

Recuerdo ahora un puesto de trabajo para el que se necesitaba sangre fría y empuje. Sobre todo mucho empuje: no arrugarse ni quedarse atrás. En la entrevista previa le preguntamos a una candidata cuál había sido la situación más dura a la que se había enfrentado en su vida y cómo la había resuelto. La chavala nos explicó que, con 19 años, su padre se había muerto y ella se había tenido que hacer cargo de la panadería familiar sin dejar de estudiar ni de cuidar a su hermana pequeña. Pero lo había hecho y eso la había ayudado a madurar. Nos gustó, nos gustó mucho. Luego, le preguntamos lo mismo a otro candidato. Y nos explicó lo mal que lo había pasado cuando su perro salchicha se había quedado ciego y cuánto le había costado superarlo. Nos dijo que eso era lo más duro, el mayor reto personal y profesional al que se había enfrentado en toda su vida. Y, bueno, no sigo porque ustedes ya suponen a quién cogimos para el puesto: a ella. Y acertamos.

Un enchufe es otra cosa. Un enchufe es cuando te obligan a contratar al tontorolo ése del perro salchicha porque es cuñado del primo de nosequién y, si no lo haces, ese nosequién va a dejar de comprarte y crees que no tienes más remedio que claudicar. Y, entonces, cuando el tontorolo en cuestión tiene que apretar los dientes y enfrentarse a un problema -tal cómo estaba previsto por su puesto de trabajo- te dice que eso es muy duro y que no es culpa de él y se acaba escaqueando. Y entonces te acuerdas de la madre que los parió a todos: al ladrón del cuñado del primo que te metió en esto, al enchufado tontorolo que ya no sabes cómo sacarte de encima y hasta al perro salchicha que, el pobre, no tiene culpa de nada. Pero, sobre todo, te acuerdas de la chavala a la que no pudiste dar el empleo, un empleo que necesitaba y que le iba a venir estupendamente.

Y te arrepientes de lo imbécil y lo cobarde que fuiste

17 de octubre de 2009

16 de octubre de 2009

Caciplando colo nuestro.


Hai que ver lo complicao que pue llegar a ser la política, la organización de la cosa pública. Queremos democracia, división de poderes y presunción d’inocencia, pero tamién mano dura y tolerancia cero cola corrupción. Sobremanera cola de los otros y, si ye posible, ensin tener qu’atender poles condenes xudiciales.
Queremos un sistema penal humanizáu, civilizáu y enfocáu a la reinserción, pero pidimos el cumplimientu íntegru de les condenes “pa qu’esos desgraciaos paguen lo que ficieron pudriéndose na cárcel”. Nun nos gusta que nos digan lo que tenemos que facer, comer, fumar o conducir; pero, namás col miéu al carné por puntos y a la pena de prisión pa los conductores bebíos, somos a reducir el númberu de muertos na carretera. Queremos al exércitu afuera del monte Gorbea d’Euskadi pero bien adientru de los atuneros vascos. Y, en definitiva, queremos llibertá y queremos seguridá, pero nun nos enseñamos mui dispuestos a pagar el preciu y los inconvenientes de la una y de la otra.

La democracia ye un sistema imperfectu. Ye complicáu, ye caru y ye abiertu; ye preocupantemente abiertu. Por eso, el que prefiera un futuru cargáu de certidumes y verdaes absolutes tien que guetalu n’otru lláu. Y, la verdá, yo nun lo recomiendo: les utopíes nun dexaron mui bon tastu n’esti sieglu pasáu. Regles de xuegu clares y futuru abiertu: esi ye’l fundamentu del nuestru enguedeyáu sistema européu de convivencia. Y ye verdá qu’hai vueltes que preferíemos más eficacia y menos amagüestos; más llimpieza y menos histories. Por exemplu: pidimos a don Mariano y al restu de responsables del PP que s’arremanguen y despidan a tolos que tienen que ver cola trama Gürtel, o como se diga Correa n’alemán. Nun pue ser tan difícil: Doña Esperanza fízolo en Madrid y buen lluéu; en venticuatru hores echó del partíu a los tres imputaos, y puntu. Pero, ai amigu, ehí empezó otra; porque pudo echalos del partíu. Sí. Pero l’acta de diputaos siguió siendo d’ellos. Y ye que ya ven: coses de la democracia y del principiu de soberanía nacional. Y aprovecho pa remembrar que siempre repetimos que nun queremos una democracia secuestrada poles cúpules de los partíos; una partitocracia, uf, lo peor; pero nunca reparamos que l’alternativa igual ye acabar cayendo en manes de los trésfugues y de los buscavides del sistema.
La democracia pa que furrule necesita que miremos pa ella. Que miremos mui bien a quien ponemos al frente del negociu común. Que miremos que la xente que quiera xestionar la cosa pública, valga pa ello. Pero, sobremanera, que procuremos que la xente que valga pa xestiona lo nuestro, quiera facelo.

Porque, repito, ye lo nuestro lo que tan caciplando.

7 de octubre de 2009

Llibertá y seguridá


La vida da munches vueltes y nun me digan que nun tien el so aquello ver a los independentistes del PNV pidiendo que l’exércitu español defenda a los atuneros vascos de los pirates somalíes nos mares del Índicu. Suena a otros tiempos y, en momentos graves como esti, onde lo principal ye ver cómo traer con vida a los trenta y seis secuestraos del atuneru Alakrana, ye onde munches tonteríes y xuegos de banderes, a los que somos tan aficionaos, algamen la so verdadera dimensión.

El mundu ye un llugar peligrosu. Y la costa este d’Africa, más. Por eso nun cuento que’l gobiernu español tenga actuao especialmente mal nesta cuestión. Más bien tengo la impresión que, como europeos y pacifistes que somos, mesmo los de dereches que los d’isquierdes, tol mundu queremos un exércitu pequeñu y baratu, pero mui modernu y mui bien equipáu; que nun tea ociosu y que nun intervenga en conflictos exteriores, pero que tea presente en cualquier llugar del mundu cuando lu necesitemos. Vamos, una cuadratura del círculu imposible de facer.

N‘esti casu concretu, y en coordinación cola Unión Europea, estableciérase un perímetru de mui relativa seguridá na costa somalí. Como digo, nun ye que, dientru d’esta ária, la seguridá tuviera garantizao dafechu. Por más medios que se tuvieren puesto, yera imposible cubrir tol aria d’influencia de los pirates. Pero ye evidente que, afuera d’esta ária, que, a lo que parez, nun respetaron los tripulantes del atuneru Alakrana, el riesgu yera tovía mayor. En fín. Agora la prioridá ta clara: resolver esta situación de la manera más sensata posible. Con serenidá y sentíu. Con eficacia. Pero, en pasando esto, nun yera malo entamar una reflexón colectiva del papel del exércitu, o de los exércitos europeos, nun mundu cada vuelta más pequeñu y onde nada, dengún conflictu nin territoriu, queda apartáu.

Una posibilidá yera embarcar infantes de marina nos barcos europeos; de pesca o mercantes. Pero que naide cuente cubrir el cien por cien de les negocios o intereses nuestros nel exterior. Y, amás, vamos topanos cola diferente lexislación en cada estáu. Francia y Italia contemplen esa posibilidá. España non. Por eso cuento que, independiente de cómo acabe esti secuestru, tenemos qu’aprender la llección: apautar unos mínimos, entender en qué mundu vivimos y concluir que la llibertá y la seguridá nun son incompatibles. Más bien tolo contrario: la llibertá y la seguridá precisen una de la otra. Porque la seguridá ensin llibertá nun val pa nada. Sí. Pero la llibertá ensin seguridá, directamente nun existe: queda secuestrada.

Un trabajo para mi hija


IMAGÍNENSE que, dentro de unos años, una hija suya va a buscar trabajo. En la entrevista, un empresario muy engominado le dice que, aunque el salario es de unos mil euros, le va a hacer un contrato de media jornada y pagarle solo seiscientos. Es lo que hay. Y más siendo mujer y joven. Pero, eso sí, nada de tonterías: va a tener que trabajar las ocho horas. O diez. O lo que venga. Y si no le gusta el plan, es mejor que se lo diga ya, porque, con el paro que hay, tiene una cola de gente dispuesta a aceptar esas condiciones, o peores, y no están las cosas como para perder el tiempo.


Su hija vuelve a casa y se lo cuenta. Llorando. Usted no sabe muy bien si es de rabia, de pena o de impotencia, pero le da igual. Su primera reacción, igual que la mía, es ir y partirle las piernas a ese hijoputa. Y que sufra para que aprenda. Pero, afortunadamente, se contiene y se lo piensa dos veces. O tres. O las que hagan falta porque se da cuenta que esto que le pasó a su hija no es un caso aislado; ni siquiera es una anécdota: es más bien un síntoma. El síntoma de una enfermedad demasiado extendida en nuestra sociedad: la del abuso. Y entonces le empieza a dar vueltas para ver cómo lo podría arreglar.

Primero se le ocurren ideas inverosímiles. Vale, piensa en voz alta: yo no le parto las piernas, pero podríamos contratar a unos inspectores de Trabajo para que le dieran un buen susto. Eso sí, sin pasarse. O, mucho mejor: podría haber leyes más estrictas que obligaran a los empresarios a no comerciar con el empleo. Que les obligaran a dar trabajo. Eso, el trabajo obligatorio para todo el mundo: esa podría ser la solución... Luego, se da cuenta de que no todos los empresarios son iguales y que tampoco es cuestión de rendirse a la primera. Es verdad: hay que seguir intentándolo; hay que hacer más entrevistas de trabajo; hay que aumentar las posibilidades. Sí. ¿Pero cómo? Hombre, se pueden tener muchas hijas, lanzarlas al mercado laboral, y así seguro que alguna de ellas acabará encontrando un buen empleo. Es pura estadística. El problema es que, tal cómo están las cosas. ¿cuántas serían necesarias? ¿Ciento treinta y siete? ¿O más? Definitivamente, no es una buena idea. Pero lo que podría funcionar es disfrazarlas de hombres de mediana edad, con estudios universitarios y probada experiencia laboral. Y es que, según las estadísticas, esos son los que acaban copando los mejores puestos. Claro que, nada de eso sería necesario si usted mismo fuera el que le hiciera la entrevista laboral a su hija. Ay, si usted fuera el empresario, si de usted dependiera... O, ¿por qué no?, de un amigo. Eso, un amigo, un enchufe; eso es lo que usted necesita: alguien que pueda recomendar a su hija; que le pueda proporcionar un buen puesto de trabajo... Pero no, eso no es tan fácil y usted no es el primero al que se le ocurre. Nada, definitivamente, eso tampoco iba a funcionar.

Y, entonces, ¿Qué podría funcionar? ¿Qué podríamos hacer para impedir actuaciones como la descrita? ¿Cómo podríamos evitar los abusos laborales? Pues, en mi opinión, con algunas de las cosas dichas aquí y con un ingrediente básico en el que no solemos reparar. Pero empecemos. En primer lugar, es importante contar con reglas de juego claras: normas que impidan las discriminaciones y leyes que corrijan las diferencias en la línea de salida. No en la de llegada, cuidado, que eso ya es cosa de cada uno. En segundo lugar, la formación: tener algo que ofrecer. O tener mucho que ofrecer, si es posible. Y es que nadie abusa de un profesional imprescindible. O de alguien que puede llegar a serlo. Y, en tercer lugar, el equilibrio. Ese es el mejor antídoto contra los abusos: un mercado laboral equilibrado. Un mercado donde no haya largas colas de parados. Un mercado donde los empresarios necesiten a los trabajadores y donde los trabajadores puedan optar a distintos puestos y no tengan que conformarse con cualquier cosa. Un mercado, en definitiva, donde nuestras hijas puedan decirle a los entrevistadores subnormales que su oferta laboral no les interesa porque tienen otras esperando y no están las cosas como para perder el tiempo. Eso, eso es lo que hace que los mercados sean razonables: el equilibrio entre oferta y demanda. O dicho de otra manera: con un 20% de paro, no hay leyes, ni currículo, ni enchufes, ni atajos que nos defiendan de los impresentables. Por eso tenemos que crear más empleo.

Por nuestras hijas.

2 de octubre de 2009

Con Ruben d'Areñes y Humberto Gonzali


Na presentación del llibru de Ruben n'esta última Arribada 2009

Mentires y contradicciones


Echar contra los ricos ye fácil. Tomar midíes eficaces p’amenorgar les diferencies económiques y sociales nun lo ye tanto. Y, na mio opinión, nesta contradicción énte lo dicho y lo fecho descansa muncho d’esta última y cafiante reforma fiscal.

La suba d’impuestos presentárase hai unes selmanes como llimitada nel tiempu y gravosa namás que pa les rentes más altes. Y, hasta que supimos en qué diba consistir, podía gustanos más o menos la idea, pero tol mundu contábemos que diba ser asina. Inclusu caleciose l’ambiente falando de lo pernicioso que yeren les SICAV y de cómo los mui mui ricos pagaben namás un 1 % de les sos rentes de capital mientres el común de los mortales cotizábemos al 18 %. Palabrería; namás que palabrería. A poco qu’afondáremos, descubrimos que tolos fondos d’inversión coticen al 1 %. Lo mesmo da que seyan pa los grandes que pa los pequeños inversores. Y descubrimos que toles rentes de capital d’esos fondos ya cotizaron primero al IRPF al momentu de xenerase; y, una y vuelta los sos propietarios decidan retiralos, van volver a cotizar al 18 %. Lo de la doble o triple imposición, vamos. Pero, en cualquier casu, da igual. Tola polémica y los globos sonda de les SICAV y del restu los fondos d’inversión, quedaron pa práu y, al final, lo que va subir de verdá va ser l’IVA.

Nun me gusta facer discursos negativos y muncho menos dar la sensación d’opinar y actuar sigún esquemes políticos previos. Nun me gusta cargar contra’l gobiernu y menos en tiempos onde tomar decisiones ye tan difícil. Pero tenemos que llamar a les coses pol so nome y nun queda otro que dicir que, n’esta reforma fiscal, el gobiernu español mintió. Asina, con toles lletres, el gobiernu de Zapatero ta mintiendo.
Contradiciendo les sos propies palabres, esta reforma fiscal nin va ser llimitada nel tiempu nin va gravar namás a les rentes más altes. Nun va ser llimitada nel tiempu porque denguna de les midíes propuestes tien fecha d’acabación. Denguna tien fecha de cierre. Ye más: dalguna d’elles, empezando pela subida del Iva, aplaza’l momentu de la so entrada en vigor; pero, repito, denguna pon un plazu final explícitu. Toes son por tiempu indefiníu. Y respective a lo de gravar les rentes más altes, ustedes mesmos: ¿A quién grava más que-y suban un dos por cientu la cesta la compra, al banqueru o al chofer del banqueru?

El problema de facer demagoxa en cuenta tomar decisiones ye que, cuando nun queda otro que decidir, les palabres soltaes al aire terminen tornando encontra de ún.