3 de enero de 2010

Eso que llaman fracasos empresariales


Pues sí, para qué nos vamos a engañar: que el presidente de la patronal española suspenda pagos en su empresa y tenga que cerrarla por embargo judicial no es un asunto cómodo. Es más bien un desastre, un evidente contrasentido que plantea la gran pregunta: ¿Puede un empresario que fracasa en su propia empresa triunfar como representante del resto de los empresarios?
Hombre, la pregunta no es fácil y, visto con perspectiva, puede que algo ya estemos avanzando. Lo digo porque al anterior presidente de la CEOE, al señor Cuevas, se le reprochaba, directamente, que no tenía ninguna empresa. Ni triunfante ni fracasada. Y, por el contrario, al actual presidente, al señor Díaz Ferrán, sólo se le reprocha que haya tenido que cerrar una de las suyas, Air Comet; con lo que, de momento, le quedan otras. Concedámosle, entonces, el beneficio de la duda.
En cualquier caso, frivolidades aparte, la decisión última sobre si el señor Ferrán debe seguir o no al frente de la CEOE corresponde únicamente a los empresarios que lo eligieron. A nadie más. Y, en este sentido, conviene recordar que no existe, ni debería existir, ningún requisito formal que impida que un empresario que esté en concurso de acreedores pueda ejercer un cargo institucional. Lo repito por si hay dudas: suspender pagos, o entrar en concurso de acreedores, no es ningún delito. Es más, fracasar en los negocios es uno de los factores que define el oficio de empresario. Ser empresario implica apostar por el riesgo y, cuando existe un riesgo, puede haber un fracaso. La posibilidad del fracaso es, por lo tanto, inherente al propio riesgo: si el éxito fuera seguro, el riesgo dejaría de ser riesgo. Y seríamos, por lo tanto, muy hipócritas si aceptáramos, e incluso aplaudiéramos, el riesgo como virtud profesional pero renegáramos del fracaso. El problema es que es eso, precisamente eso, lo que están haciendo muchas personas en todo este asunto.
Exigir la dimisión de un empresario, o su inhabilitación total para ejercer cargos públicos, solo por haber suspendido pagos; es decir, por haber fracasado en su actividad profesional; está completamente fuera de lugar. La presidencia de la CEOE, conviene recordarlo en momentos como éste, no es ningún cargo público. Lo que no quiere decir que no tenga una gran incidencia social. Ya saben ustedes: es eso que llamamos sociedad civil. Sí, hombre sí; les tiene que sonar: es eso de lo que todo el mundo habla para decir que tiene que ser muy importante y muy fuerte pero que, en cuanto asoma la cabeza y se muestra un poco independiente, a todos molesta y todos se la quieren cargar. Por eso, en nombre de la sociedad civil, vuelvo a repetir que la permanencia o no del señor Díaz Ferrán en su puesto es algo que sólo compete a él y a los empresarios que lo eligieron. A nadie más. Y, dicho esto, paso a darles mi opinión particular; como empresario que soy, lo confieso; sobre este tema: creo que el señor Ferrán debería dimitir ya mismo como presidente de la CEOE. Con naturalidad pero sin demora. Pero ya. No sé a qué está esperando. No lo entiendo. Y a lo mejor es porque tengo un concepto muy utilitario de la representación institucional: en mi opinión, es la persona la que sirve al cargo, y no al revés. Y por eso creo que el señor Ferrán, en las circunstancias actuales, está haciendo un flaco favor a su propia institución permaneciendo al frente de ella.
Setecientos y pico trabajadores de Air Comet se van al paro. De golpe. Y ocho mil y pico pasajeros se quedan con su billete pero sin avión. La cosa es seria. Y los disgustos y reproches entre todos los implicados no hicieron más que empezar. Es inevitable: hay muchas vidas y haciendas en juego. Vienen momentos de tensión. Y por eso creo que el señor Ferrán debería concentrar todas sus energías en solucionar los muchos retos que se le vienen encima, igual que la CEOE debería concentrar todos sus esfuerzos en diseñar la mejor salida posible de la crisis económica. No hay tiempo para todo y llega el momento de tomar decisiones valientes y ser consecuentes. Los empresarios no podemos seguir hablando de flexibilizar el empleo y, al mismo tiempo, blindarnos de manera irracional en nuestros cómodos sillones institucionales. No es coherente. Igual que no podemos abogar por el libre comercio y, al mismo tiempo, exigir medidas proteccionistas frente a los tomates marroquíes. O dejar de denunciar que los precios de algunos alimentos se siguen multiplicando por cien entre lo que cobra el agricultor y lo que paga el consumidor final. O seguir permitiendo las increíbles trabas burocráticas que nos ponen para darnos de baja en cualquier compañía telefónica, que son inversamente proporcionales a las facilidades que nos conceden para darnos de alta. Coherencia, eso es lo que hace falta a los empresarios ahora.
Y no hay mejor coherencia que la que empieza por uno mismo.

1 comments:

Anónimo dijo...

YO LE CONCEDERÍA EL BENEFICIO DE LA DUDA SIEMPRE QUE ME PAGARA LAS SIETE PAGAS QUE ME DEBE. Y SABEN PORQUE ME DEBE SIETE PAGAS? PORQUE SOY UNO DE SUS TRABAJADORES ILUSOS QUE SE CREIA LO QUE ESTE SEÑOR PROMETÍA Y SEGUÍAMOS TRABAJANDO A PESAR DE NO HABER COBRADO. ES CAPAZ DE ENGAÑAR HASTA AL GOBIERNO Y A CAJA MADRID.
CUIDADO CON EL PAVO