31 de marzo de 2010

Podemos facelo meyor


Ún de les mayores preocupaciones de los ciudadanos ye la política. Y nun me refiero a que la xente-y dea por interesase agora na xestión de lo público. Non. Digo que cada vuelta más persones consideren a los nuestros políticos como ún de los grandes problemes actuales. Como un mal en cuenta de cómo un remediu: “son toos iguales, lo único que quieren ye figurar, chupar del bote y, en definitiva, aprovechase del sillón pa forrase o pa enchufar a los parientes”.

Y, la verdá: que-y pongan una fianza de tres millones d’euros al expresidente balear por acusaciones graves de corrupción nun ayuda muncho. Pero esti asuntu vien de bastante más atrás y va durar muncho tovía. Les encuestes del CIS enseñenlo bien: lo primero, lo que más nos esmolez, ye’l paru. Depués, y más que nada d’un tiempu a esta parte, suel figurar la mala situación económica. Cuestión que, en realidá va mui xuncida a lo anterior. El terrorismu, cola so carga dramática, sube o baxa nesti particular llistáu en función del númberu y gravedá de los atentaos. Y, como digo, lo qu’adulces va ganando enteros ye l’esmolecimientu xeneral pola corrupción y pola incompetencia de los nuestros representantes públicos. Nun ye que nun solucionen los nuestros problemes; ye que, amás, dedíquense a robar.
Los grandes discursos en campaña electoral insisten dende siempre na necesidá de rexeneración de la vida política. Unos proponíen facer normal lo que ya yera normal, otros prometieron un cambiu pa que’l país funcionara, húbolos qu’apostaron por una segunda transición, otros, por contra, ofrecieron talante pa gobernar y el nuestru presidente afirmó qu’arreglar Asturies diba dar munchu trabayu. Bueno, son maneres distintes de dicir lo mesmo: señores, dénnos el so votu que podemos facelo meyor. Y sí, poder sí pueden, pero, realmente ¿fixéronlo?
A la vista los resultaos, cuesta saber si tenemos los políticos que nos merecemos o si, realmente, son un espeyu de la nuestra sociedá. Y, cuidáu, porque les dos coses nun son contradictories. Ye más, yo cuento que les dos son verdá y tengo pa mi qu’igual el problema ye que pidimos-yos demasiao a los nuestros gobernantes. Contamos qu’ellos han solucionanos los nuestros problemes y por eso-yos emprestamos la llave de la nuestra casa. Pero, eso sí, ensin comprometenos a nada, ensin participar nosotros na solución. Y, claro, d’ehí vienen les decepciones. Por eso propongo otra manera de facer les coses: nun-yos demos tanto y nun-yos pidamos tanto. Vamos da-yos la xestión de l’alministración pública. Pero namás eso. Y vamos pidi-yos que tiren la basoria. Namás eso. Y del restu, encargámonos nós.

28 de marzo de 2010

Usar l'asturianu, ésa ye la nuestra fuerza

El futuru del nuestru idioma nun lu va garantizar la política nin la xusticia; vamos ser nós, usándolu, los que vamos ganar esta batalla pola dignidá.


http://www.youtube.com/watch?v=QWGy0zDFItI

26 de marzo de 2010

El derechu a discrepar


Los qu’apostamos pol pluralismu y la llibertá d’opinión tenemos una oportunidá interesante de poner a preba los nuestros principios. L’eurodiputáu popular Jaime Mayor Oreja acaba afirmar que “los proyectos de Zapatero y ETA son aliaos potenciales pa les dos vinientes cites electorales: les del 2011 y les del 2012”; y que ETA “va ayudar al presidente del gobiernu a ganar les elecciones a cambiu de tar nos ayuntamientos vascos”.

Estes afirmaciones constituin, na mio opinión, una barbaridá, . Pero una barbaridá que tien que facenos pensar y confirmar si, efectivamente, el señor Oreja tien derechu a caltener y pronunciar llibremente o si valía más que callara. Pues bien, yo cuento que sí: que’l señor Oreja tien derechu a opinar ési despropósitu.

Nun tol mundu piensa igual. Les reacciones a les sos declaraciones vinieron bien llueu. Y fueron contundentes. Hubo quien les clasificó de “miserables”, “inadmisibles” y “irresponsables”. Y, en consecuencia, pidió al presidente del so partíu que “les desmintiera” y “les desautorizara ya”.

Bien de veces protestamos porque ye la partitocracia la que tien secuestráu al sistema democráticu. Porque’l que se mueve, y opina llibremente, nun sal na semeya. Ello ye, que’l que discrepa nun repite nes llistes electorales. Y porque, a lo último, la política y los parlamentos acaben llenándose de fieles y disciplinaos militantes que nun fain otro que votar y opinar siguiendo la voz del so amu. Pero, qué raro: en cuantes sal una voz discrepante, pidimos uniformidá, toque de xiblatu, prietes les files y boques callaes.

Personalmente, siempre conté que’l señor Mayor Oreja yera un políticu un tanto sobrevaloráu. Ye verdá que tien una apariencia de señor respetable, de xestor eficaz y de persona sensata. Pero, detrás d’esa apariencia, hai dos coses que nun me terminaron nunca de casar. Una, que la so única llínia de pensamientu yera la cuestión antiterrorista. Casi nunca lu ví ocupase d’otru tema que nun fuera ési. Y dos, que siempre enfocó ési únicu tema de manera mui plana, mui unívoca, ensin matices. Siempre repitió la mesma tesis. Y ye verdá que bien de veces tuvo razón. Pero eso nun quier dicir que’l so procedimientu d’análisis y valoración de la realidá fuera especialmente acertáu. Non. Un reló qu’adelante o qu’atrase, anque seya unos minutos namás, nunca termina d’acertar. Pue valinos de referencia, pero nunca termina de ser precisu. Por contra, un reló paráu termina dando la hora exacta, polo menos, dos veces al día.

Y por eso, porque discrepo abiertamente de lo que diz el señor Oreja, defendo’l so derechu a expresalo llibremente.

24 de marzo de 2010

Dilo tú, si eres tan listo


Esta crisis puñetera está poniéndonos a todos un poco nerviosos. La cosa está muy mal y la tentación de echar las culpas a alguien, al que sea, es grande. Y lo peor es que da igual donde se apunte, porque todos tenemos algo de culpa: los empresarios, el Gobierno, los sindicatos, las multinacionales, las clases medias, el calentamiento global...
Cuando los resultados no acompañan, todos salimos mal parados, todos tenemos algo que reprochar y las tensiones aumentan. Ya lo decía mi abuela: 'Fíu, onde nun hai panchón, tol mundu riñe y tol mundu tien razón'.

Una de las mayores paradojas de esta crisis es que perdimos mucho tiempo negando su existencia. Demasiado. Y lo que es peor: ahora que ya admitimos que existe, seguimos perdiendo tiempo discutiendo quién la va a soportar. Hay que ver qué pesados somos. Unos dicen que los efectos de esta recesión no los pueden sufrir solo las clases desfavorecidas. Por supuesto. Y otros replican que no todo va a consistir en subir los impuestos a las clases medias. Pues de acuerdo también. Lo que pasa es que, mientras discutimos, las dos teorías se van a acabar cumpliendo. Las dos. Porque díganme si no quién hay más desfavorecido económicamente que un parado y díganme también en qué es especialista esta crisis. Pues eso: otra cosa no, pero esta crisis es una máquina perfectamente productiva de fabricar parados. Y respecto a lo de los impuestos, qué quieren que les diga. Desengáñense: el problema ya no está en discutir sobre si hay que subir o no subir los impuestos. El problema está en discutir qué impuestos subimos, en qué proporción los subimos y en qué momento lo hacemos. Y es que, por si no se habían enterado, los impuestos van a subir; les apuesto lo que sea.

Por eso hay que mirar las cosas en su conjunto. Y compararlas con nuestro entorno. O, para ser precisos, con los mejores de nuestro entorno. Por decir: tenemos uno de los IVAs más bajos de Europa. Pero también un impuesto de sociedades de los más altos de Europa. Y un impuesto de la renta, para entendernos, que no está ni en un sitio ni en el otro. Pero concretémoslo un poco más y hagamos un comparativo, por ejemplo, con Suecia. Vamos a ello: nuestro IVA es un dieciséis por ciento; el suyo un veinticinco. Nuestro impuesto de sociedades, un treinta; el suyo un veintiséis. Y nuestro tipo superior de impuesto de la renta, un cuarenta y tres; mientras que el suyo llega al cincuenta y siete. ¿Qué quiere decir todo esto? Pues, en mi opinión, dos cosas. Una, la primera, que en Suecia se pagan más impuestos que aquí, cosa que ya sabíamos. Y dos, la más interesante, que se pagan de forma muy diferente.
El IVA afecta al consumo, al gasto. El impuesto de sociedades, a los resultados de las empresas. Y el impuesto de la renta, a lo que ingresan las personas. Por eso en España el impuesto de sociedades es tan alto. Porque somos así: venga, a sangrar a las empresas, que para eso están, para ganar dinero. Sin embargo, el tipo más alto del impuesto de la renta es bastante moderado. Sí, hombre sí: a las empresas hay que sangrarlas, pero no te metas con los ricos de verdad, que los de siempre siguen teniendo mucho mando. ¿Y el IVA? Pues eso, vamos a poner el impuesto al consumo lo más bajo posible para que el dinero de bolsillo no falte nunca, que es lo que la gente detecta en primer lugar. Y, desengáñense, ésa es la situación. Casualmente, justo la contraria de la que hay en Suecia. Porque allí lo que se penaliza es el gasto. O, dicho de otra manera, lo que se fomenta es el ahorro y, sobre todo, el beneficio de las empresas. Esa es la mentalidad: mientras las empresas ganen, ganamos todos. Y mientras el dinero que ganan las empresas se quede en las propias empresas, seguiremos ganando todos. Por eso en Suecia, un país donde se pagan casi el doble de impuestos que en España, las empresas pagan casi la mitad de lo que pagan aquí. Por eso en Suecia hay mucha mayor riqueza colectiva y mucho menor paro. Y por eso en Suecia los muy ricos saben que, a pesar de tener el impuesto de la renta más caro de Europa, los estímulos para seguir ganando dinero siguen siendo muy altos. Porque mientras sigan reinvirtiendo su dinero en las empresas y no lo usen para despilfarrarlo o para gastarlo, nunca tendrán ningún problema.

Vamos, igual que aquí. ¿O siguen ustedes creyendo que la distribución de impuestos es inocente?

20 de marzo de 2010

Merecemos políticos nuevos

Los asturianos buscamos políticos nuevos, precisamos políticos nuevos que solucionen los nuestros problemes en cuenta crear otros onde nun los hai.

http://www.youtube.com/watch?v=7LjUo3cre5g

Lo que mal empieza...


La candidatura d’Uviéu a capital europea de la cultura ta siendo un despropósitu. Empezó mal, mui mal. Y d’entós p’acó vamos a peor. Voi intentar desplicao: cuando les tres ciudaes asturianes fueron a Madrid a presentar la so candidatura conxunta; ya saben, Xixón, Uviéu y Avilés, les tres en comandita; recibieron la primer xostrada. Resulta que, talo como consta na documentación oficial, nun s’almiten candidatures conxuntes.
Tien que ser una ciudá la que figure como demandante y, eso sí, nun hai nengún problema pa que otres ciudaes l’apoyen. ¿Y la Cuenca del Rhur, n’Alemania, que yera’l modelu trunfador nel que se quería basar la candidatura asturiana? Non, la candidatura de la Cuenca del Rhur en realidá ye la candidatura d’una ciudá (qu’agora, la verdá, nun m’acuerdo cuala ye) apoyada por otres ciudaes y pol restu la comarca. Primer problema, entós.
Primer problema porque los responsables del gobiernu asturianu que xestionaron esta primer fase de la presentación de la candidatura nun s’atrevíen a confesar el so error de bultu: que nun tiníen mirao la convocatoria col procuru suficiente. Pero, bueno, como nunca llovió que nun abocanara, les tres ciudaes apautaron entós mesmo que nun había nengún problema en qu’Uviéu figurara como titular y les otres dos ciudaes como añadíes. Colo que la vergoña pasaba a segundu planu y primer problema resueltu. Pero vino’l segundu problema: porque ya que yera Uviéu la candidata, lo menos que se podía facer yera entamar, d’equí pa en delantre, les coses a la so manera. O seya que nada de pagar a una consultora externa y nada de ceder protagonismu a l’alministración autonómica. Y, bueno, val, aceptamos pulpu como animal de compañía.
Pero, ai amigu, llegó’l tercer problema: porque resulta que lo que realmente quería Uviéu; o, muncho meyor, el so alcalde; yera nun presentase. Y si hasta esi momentu dexárase arrastrar de manera pasiva, agora que-y tocaba figurar en primer llínia, nun taba pol llabor de facer de motor. Asina que adiós a la candidatura y acabose. Ya saben ustedes cómo se resuelven estes cuestiones. Pero la hestoria nun acabó ehí y llegó’l cuartu problema (si ye que nun perdí ya la cuenta). El cuartu problema ye qu’Uviéu ya nun podía renunciar a la candidatura porque les espectatives yeren públiques y la ciudá taba quedando como la mala la película. ¿Solución? Cambiamos al titular y siguimos p’alantre. Pero, claro, lo del borrón y cuenta nueva ya nun val. Una pena: la cosa ta suficientemente enguedeyada como pa que lo que prometía ser un proyectu ilusionante acabe siendo un despropósitu detrás d’otru. Otra vuelta.

13 de marzo de 2010

Un pasu más p’hacia la oficialidá


Nun tamos de recibir alegríes. Nun tenemos práctica pa reaccionar énte les bones noticies. El movimientu asturianista ta siempre dividíu. Sí, pero, qué carai, aprendemos rápido y tenemos que nos felicitar: esta selmana tamos enseñando una unanimidá bien prestosa a la hora valorar l’autu del Tribunal Constitucional.

Un autu qu’afita’l derechu de los ciudadanos y funcionarios asturianos a dirixinos a la nuestra alministración nel nuestru idioma. Y too esto ye mui prestoso. Igual nun cambia’l mundu, pero, qué contra: pa una cosa que ganamos vamos festexalo. Nun tenemos demasiaes alegríes y una noticia como esta tenemos que la disfrutar.
La cosa empezó cuando un funcionariu de l’alministración asturiana; el lletráu Xurde Blanco; presentó una solicitú redactada n’asturianu. Rechazaron-yla. Y, énte’l so recursu, basáu na llei d’usu aprobada pol parlamentu asturianu n’anteriores lexislatures, el propiu xulgáu planteó una consulta al Tribunal Constitucional. Contaben qu’esa llei podía invadir atribuciones del estatutu. Y nun hai qu’escaecer que, d’aquella, al ráu de la España plural de Zapatero, yera evidente que diba reformase l’estatutu asturianu. Había, polo tanto, que dexar clares les coses. El viniente estatutu diba afitar que, n’Asturies, d’oficialidá nada de nada y yera conveniente esclariar que toles tonteríes que ponía la llei d’usu y toles tonteríes que ponía la constitución española, equí nun contaben. Por nun falar de la normativa europea o de les declaraciones d’oficialidá de los conceyos. Pero los tiempos cambien. Y a lo último nun hubo reforma nenguna, nin s’esperó más por ella. Nun-y terminó d’interesar a naide. Y menos mal, porque la constitución y la llei d’usu son muncho más abiertes y miraes pal asturianu que l’estatutu reformáu que nos queríen imponer.
Y volvemos a lo de siempre. A que’l problema ta ónde siempre tuvo. A que nun podemos tener a la raposa como única encargada de mirar poles pites. A que los que más tiníen que mirar pol nuestru patrimoniu llingüísticu y polos derechos de los nuestros ciudadanos son los que menos lo faen. Y, cuidáu, porque nun me refiero a les persones: refiérome a les lleis. Refiérome a un ordenamientu xurídicu que yá nun nos val. Porque ési, ési ye’l problema: que’l traxe a midida pal nuestru idioma que pretende ser l’artículu cuatru del nuestru estatutu ya nos queda completamente pequeñu.
Ya nun nos valen eses perífrasis del tipu “modalidaes llingüístiques”, nin declaraciones d’intenciones del tipu “promoverá”. Non. Nel nuestru ordenamientu xurídicu hai que ser más claru. Les costures empiecen a reventar y si somos intelixentes, prudentes y constantes, algamar el reconocimientu de los nuestros derechos llingüísticos; ello ye, la oficialidá; ta, cada día, más cerca.
Esa ye la buena noticia.

10 de marzo de 2010

El último en llegar


Empezar a trabajar en una empresa propiedad de tu familia no es fácil. Eres el último en llegar y todo el mundo sabe más que tú. Puedes tener mucho talento y una gran preparación, pero la sospecha de que entraste por ser el hijo del jefe no te la quita nadie.

A la gente, además, no le gustan los cambios. Y menos en su trabajo. Y menos si vienen del último en llegar. Y menos si ese último es un enchufado. Por eso, es muy importante generar confianza, ganarse el respeto de los demás y demostrar que sirves para algo. En ese sentido, los sistemas de calidad pueden ser una herramienta muy eficaz: pueden ayudarte mucho a la hora de definir un objetivo claro, aplicar un método de trabajo contrastado y conseguir un objetivo cuantificable: por ejemplo, obtener un certificado de calidad según la norma ISO 9.000 en un plazo determinado.
Pero sin precipitarse. Los experimentos se hacen con gaseosa y, por eso, antes de modificar la relación con los clientes, con los bancos, con los accionistas o con los proveedores, es más prudente empezar por renovar el propio sistema de trabajo, arreglar la casa por dentro, detectar la viga en el ojo propio antes que la paja en el ajeno.
Un ejemplo: cuando yo empecé a trabajar, recibíamos unos dos camiones de mercancía al día. Pesábamos cada uno de ellos y luego pesábamos cada uno de los ventitantos bultos que traían; sacábamos una lista con los pesos, pegábamos una etiqueta individualizada en cada bulto y luego cotejábamos las etiquetas y la lista con el albaran. Un sistema de control riguroso y pormenorizado que nos llevaba unas tres horas de trabajo cada día. ¿Y para qué lo hacíamos? Pues, la verdad, no lo sé. En realidad, nadie lo sabía del todo. Siempre se había hecho así y nadie lo había puesto en duda. ¿Y si los datos no cuadraban? Bueno, eso casi nunca había pasado y, cuando pasaba, los errores nunca habían sido grandes. Y entonces llega la gran pregunta: ¿Qué pasa si lo dejamos de hacer?...
Pues lo dejamos de hacer. Y lo dejamos de hacer porque según el sentido común, y de acuerdo con la ISO 9.000, nosotros teníamos que estar enfocados al cliente. Teníamos que preocuparnos de que nuestra mercancía llegara bien a nuestros clientes. Y los que se tenían que preocupar de que su mercancía nos llegara bien a nosotros eran nuestros proveedores. Ésa es la cadena. Una cadena en la que cada eslabón tiene que mirar hacia delante y recoger el testigo poniendo la mano a su espalda; como hacen los atletas en las carreras de relevos: ésa es la postura. Y, sí, ya sé que esa postura (ya saben, la del egipcio) es la misma que usan los corruptos cuando nos piden «la contribución» o, directamente, un soborno. Pero, bueno, ese es un tema que no vamos a arreglar ahora y mejor lo dejamos para más adelante.
Lo que estaba diciendo es que no todas las mejoras consisten en hacer más cosas o hacerlas mejor o hacerlas más rápido. No. A veces, hay mejoras que consisten, simplemente, en dejar de hacer. Hay mejoras que consisten en resolver problemas: ésa es la clave. Un jefe se hace respetar cuando resuelve problemas, cuando toma decisiones que resuelven problemas, aunque haya entrado por enchufe, aunque sea el hijo de papá y aunque todo el mundo sepa más que él. Si una persona toma decisiones que resuelven problemas, todos le escucharán y le respetarán.
Y es que, en las empresas, la autoridad no la proporcionan los cargos, ni los títulos, ni la posición en el organigrama, ni los currículos, ni, mucho menos, los apellidos. No. En las empresas, la autoridad se concede muchas veces por caminos indirectos, soterrados e insospechados Por ejemplo, ¿quieren saber quién me concedió a mí el título de gerente en la empresa? Pues la telefonista. Sí, sí: la telefonista. Porque cuando me pasó una llamada diciendo: «Inaciu, preguntan por el gerente y nosotros no tenemos de eso, ¿te pones tú?»; en realidad y, posiblemente sin saberlo, me estaba atribuyendo unas funciones y una capacidad de resolución mucho más fundamentada que si lo hubiera hecho basándose en lo que ponían las tarjetas de visita. Y es que, al final, no importa tanto lo que eres, o lo que crees que eres, o lo que los demás dicen que eres. Lo importante de verdad es lo que haces, la cantidad de problemas que resuelves y la importancia de los objetivos que cumples. Ésa es la clave.
Aunque seas el último en llegar.

9 de marzo de 2010

La oficialidá, más cerca

Gracies al Tribunal Constitucional, los asturianos vamos poder dirixinos a la nuestra alministración nel nuestru idioma.



http://www.youtube.com/watch?v=cgL8b0Qoesg

4 de marzo de 2010

Llistes de competencia o de rellenu


Tol mundu conoz ya lo que-y pasó al alcalde de Siero. Ya saben: la nueche de comadres tuvo un accidente col coche oficial, travesó una glorieta pel mediu y dió positivu nel control d’alcoholemia. Total qu’acabó dimitiendo. Pero, como digo, nun quiero centrame agora no de siempre.

Sigo pensando que pudo pasanos a cualquiera y que la meyor llección que podemos sacar d’esto ye nun amestar nunca alcohol y volante. Lo que m’interesa agora ye lo que ta rescamplando a cuenta la sustitución del alcalde. En poques palabres, la cosa ye que, pa escoyer sustitutu, el saliente propunxo al númberu seis de la llista. Al númberu seis. Arreblagó, polo tanto, perriba’l númberu dos, y el tres, y el cuatro, y el cinco. Y nun lo fexo por caprichu o por improvisación. O por despreciu a los cuatro mencionaos. Tolo contrario: el candidatu númberu seis ya yera’l que venía siendo l’alcalde en funciones cuando llegaben les vacaciones, les baxes o otres ausencias del titular (agora mesmo, por exemplu); el que controlaba tolos asuntos internos del ayuntamientu y, en definitiva, l’home nel que s’enfotaba’l rexidor nos momentos más delicaos. Por dicir: el primeru al que llamó, a les cinco la mañana, cuando tuvo l’accidente.
Y nun yera l’unicu. En Siero, el PSOE gobierna en minoría y precisa de los votos, ente otros, del PINSI (Partíu Independiente de Siero) p’algamar la mayoría. Pues bien, la cuasi única condición que punxo’l PINSI pa nomar un nuevu alcalde socialista ye que fuera precisamente’l númberu seis de la llista. Non el dos, nin el tres, nin el cuatro, nin el cinco. Non. Tinía que ser el seis. Y a la FSA parecio-y bien tamién. Colo que tol mundu contentu. Bonu, tol mundu contentu pero había un detalle pequeñu que nun se podía arreblagar. Y ye que la llei ye mui clara: en casu de sustitución del alcalde, el so asientu tien qu’ocupalu’l númberu dos de la llista. A nun ser, claro, que renuncie. N’esi casu, entra’l númberu tres. A nun ser, claro, que’l númberu tres tamién renuncie… Y, bonu, ya m’entienden: que los cuatro conceyales aludíos tiníen que firmar un papel pa dexar buecu al escoyíu.
Y pasó lo que tinía que pasar: que dos d’ellos nun quixeron firmar y que, de manera fulminante, el propiu PSOE acaba d’echalos. La de coyer; naide sabe ya cómo va acabar esto. Pero, eso sí, una cosa ta mui clara: les llistes a conceyales hai que les ellaborar pensando nos méritos de los componentes porque cuando se fain de rellenu pasa lo que pasa.