20 de septiembre de 2011

...Y cuadrar las cuentas para gobernar



Por si no se habían dado cuenta, estamos en crisis. Por supuesto hay mucha gente que lo sabe de sobra, que lo sufre en su propia carne, que no necesita que ningún listillo se lo venga a explicar. Entre otros, los ochenta mil asturianos que están en el paro. O todos los trabajadores autónomos que ven cómo sus clientes van desapareciendo poco a poco y ya no llegan a fin de mes. O las familias que tienen que decidir de dónde van a sacar esta vez el dinero para volver a equipar a sus hijos en la “vuelta al cole”. Todos lo sabemos. Todos sabemos que esto está muy mal, que es necesario hacer ajustes y que hay que volver a cuadrar las cuentas... pero ¿De verdad lo sabemos todos? Pues no. Todos no. Todavía sigue habiendo un grupo de irreductibles que vive en la inopia y parece no querer entender que la fiesta terminó y que el pozo sin fondo ya se secó.

Algunos de estos irreductibles galos se empeñan, por ejemplo, en que todo esto de la crisis mundial no es más que una maniobra especulativa de unos pocos con el único fin de cargarse nuestro sector público, de privatizar nuestros servicios esenciales y de estropear lo único que nos funciona correctamente a todos. Algunos siguen diciendo que todo esto de la crisis mundial no es más que una distracción que pretende conseguir que unos pocos puedan seguir robando a gusto y puedan seguir enriqueciéndose más y más a costa nuestra. Y, en fin, qué quieren que les diga: que hay gente que es capaz de inventarse cualquier cosa, cualquier conspiración universal –incluidas las judeo-masónicas– con tal de no enfrentarse a la realidad. Y la realidad, a veces, es mucho más simple que todo eso. La realidad es que, en estos últimos años, usted y yo (en nuestra economía personal pero, sobre todo, en la pública) gastamos más de lo que podíamos, lo gastamos mal, y ahora toca apretarse el cinturón.

Los fondos mineros, por ejemplo ¿Qué pasó, exactamente, con ellos? Bueno, durante muchos años creímos que los habíamos gastado mal. Tanta propaganda nos hicieron, tanto nos vendieron la cantidad de cosas que habíamos hecho con ellos, que hasta llegamos a creer que los habíamos despilfarrado. Y hombre, en parte, es verdad. En parte, es evidente que despilfarramos muchos fondos mineros en, por ejemplo, construir un edificio enorme en Mieres al que luego llamamos “Campus Universitario” y al que el Rector de la Universidad (que supongo yo que algo tendrá que decir al respecto) ni siquiera sabe qué utilidad le vamos a dar. Y es que somos así de simpáticos: para activar el conocimiento, gastamos en cemento; y para combatir el exceso de ladrillo, construimos más edificios.

Pero eso no es lo peor. Lo peor de los fondos mineros es que, tal como estamos empezando a saber ahora, simplemente no los gastamos; los dejamos ahí: los perdimos. Eso es lo peor. Y los perdimos, directamente, por no cumplir con nuestras obligaciones, por no tramitarlos como debíamos, por no presentarlos en ventanilla. Es tremendo. Es increíble. Es alucinante. Sí. Pero es cierto: somos la única comunidad autónoma que, alegremente, dejó caducar convenios de los fondos mineros. Y esta negligencia inclasificable que consistió, repito, en no presentar en tiempo y forma nada menos que cuarenta y seis proyectos de obras, nos supuso perder -hasta donde sabemos ahora- nada más que treinta y dos millones de euros. Treinta y dos millones de euros, que son muchos millones de euros, oiga.

¿Y saben por qué conocemos todo esto ahora y no lo supimos antes? Pues porque ahora tenemos un gobierno distinto en nuestro país; porque hubo elecciones autonómicas; y porque, democráticamente, los asturianos optamos por la alternancia. Por eso no puedo dejar de insistir en lo importante que es acceder al gobierno de nuestras instituciones para conocer, evaluar y cuadrar nuestras cuentas comunes. Por eso creo que es mejor dar y recibir malas noticias que seguir ignorando la realidad para continuar viviendo en la inopia. Y por eso entiendo que, antes de emprender cualquier acción de gobierno, o cualquier proyecto nuevo de inversión, es fundamental cuadrar nuestros números y disponer de una base sólida y solvente. Una base sólida y solvente que nos permita reclamar, de verdad, todo lo que nos corresponde y no volver a dejar pasar tantas oportunidades mientras nos dedicamos a hacer propaganda, precisamente, de lo mucho y bien que gastamos todo eso que estamos dejando de ingresar. Por eso repito que, cuadrar las cuentas, es la mejor manera de empezar a gobernar.

Y digo más; no es que sea la mejor manera, no: es que es la única manera.