
Ya está. Todo llega. Después de más de veinte años, y cinco elecciones locales ganadas, Gabino de Lorenzo deja la alcaldía de Oviedo. Efectivamente, como todo el mundo sabe, el señor de Lorenzo acaba de ser nombrado delegado del gobierno español en Asturias -así lo decidió Mariano Rajoy- y es difícil interpretar si este cambio de responsabilidad es, en realidad, un premio o un castigo. Y digo que es difícil interpretarlo porque, seguramente, es una mezcla de las dos cosas. Es una curiosa combinación; una salida honrosa: la clásica patada hacia arriba que hay que analizar tanto en función de la nueva posición que se ocupa como del hueco libre que se deja. Y, sobre todo, es un movimiento que hay que interpretar como parte de una estrategia general de recomposición del PP asturiano del que solo conoceremos el alcance final pasados unos meses.
Gabino de Lorenzo se va, entonces, a la delegación de Gobierno. Pero, repito, no es el único miembro del partido popular asturiano que se mueve en estos últimos meses. Ni es el primero ni va a ser el último. Un breve repaso nos puede ayudar a entender mejor la situación. Tenemos, para empezar, a Ovidio Sánchez -todavía presidente del partido y como tal uno de los evidentes protagonistas de este año- que consiguió un escaño en el congreso de los diputados. Un escaño que no es exactamente el puesto de eurodiputado que era su confesada aspiración (y digo confesada porque se lo decía a todo aquel que lo quisiera oír) pero tampoco es ningún mal premio de consolación. Como, por cierto, tampoco lo es el puesto de senador para otro veterano de estas lides populares: Isidro Fernández Rozada, antiguo y persistente candidato popular a la presidencia del gobierno asturiano -antes de que se presentara y ganara Sergio Marqués ¿se acuerdan?- y ahora, como digo, beneficiario de un inmerecido descanso en la cámara alta. Y, terminando con este intercambio de responsabilidades a cuatro, no hay que olvidar a Mercedes Fernández -precisamente delegada del gobierno español en Asturias en tiempos de Aznar- que encabezó la lista al congreso de los diputados y que muy probablemente será la presidenta del partido popular asturiano; puesto que va a dejar vacante Ovidio Sánchez. Como ven, es todo un pequeño juego de reparto de papeles entre pocos protagonistas.
Por lo menos, en la parte, digamos, amable del asunto. Porque también hubo otros protagonistas de este año trepidante que no corrieron igual suerte. En primer lugar, Isabel Pérez Espinosa, que de no haber salido del Ayuntamiento para ser la joven y prometedora candidata que iba a arrebatar la presidencia asturiana a Álvarez-Cascos (ustedes mismos) es muy probable que ahora fuera la alcaldesa en vez de Agustín Iglesias Caunedo (ustedes mismos también). Pero ya ven lo cruel que es la política: en vez de eso, la señora Espinosa se “quedó” en teórica portavoz de la oposición en el parlamento asturiano. Y digo teórica porque la oposición práctica la hace Gabino de Lorenzo -antes desde la alcaldía y ahora desde la delegación de gobierno- todo ello si nos atenemos a las declaraciones explícitas de los populares asturianos que, textualmente, esperan que De Lorenzo sea: "el contrapeso que haga frente a Cascos". Así es como están las cosas. ¿Y Pilar Fernández Pardo, la presidenta del PP gijonés? Pues ya ven: fue la que siempre y más duramente se enfrentó a Cascos mientras todos los anteriormente citados lo alababan y ahora que Cascos es “el peso que hay que contrapesar”, pues la señora Pardo tiene cada vez menos influencia. Extraño e implacable juego de premios y castigos.
Pero bueno, como decía, en este puzzle popular igual de interesante que las nuevas posiciones ocupadas son los huecos que se dejan. Y uno de los más llamativos es el de la propia Alcaldía de Oviedo. Solo el tiempo y, hablando claro, los tribunales van a permitirnos decidir la verdadera magnitud del legado del señor de Lorenzo al frente del consistorio. Pero lo que está claro, a corto plazo, es que su marcha despeja el camino del entendimiento entre las dos fuerzas más votadas de la ciudad: el propio PP y Foro. Y, una vez despejado esto, va a ser mucho más fácil encontrar argumentos para el acuerdo a nivel autonómico entre esas dos misma fuerzas: Foro y PP. Y es que, seguramente, esta sea una de las razones más evidentes y, a la vez más ocultas, de todos estos movimientos populares: las relaciones del PP con ese nuevo partido y ese nuevo presidente que no esperaban, que quisieron ningunear, pero que llegaron, ganaron unas elecciones y están aquí para quedarse. O, dicho en otras palabras: que los populares tienen que mover, no una, sino muchas fichas porque aquí nadie va a comer a nadie, nadie va a disolver a nadie, nadie va a fagocitar a nadie y, visto lo visto, lo único que se puede hacer con este adversario tan inesperado como existente es convivir con él.
Y, como mucho, contrapesarlo.
Gabino de Lorenzo se va, entonces, a la delegación de Gobierno. Pero, repito, no es el único miembro del partido popular asturiano que se mueve en estos últimos meses. Ni es el primero ni va a ser el último. Un breve repaso nos puede ayudar a entender mejor la situación. Tenemos, para empezar, a Ovidio Sánchez -todavía presidente del partido y como tal uno de los evidentes protagonistas de este año- que consiguió un escaño en el congreso de los diputados. Un escaño que no es exactamente el puesto de eurodiputado que era su confesada aspiración (y digo confesada porque se lo decía a todo aquel que lo quisiera oír) pero tampoco es ningún mal premio de consolación. Como, por cierto, tampoco lo es el puesto de senador para otro veterano de estas lides populares: Isidro Fernández Rozada, antiguo y persistente candidato popular a la presidencia del gobierno asturiano -antes de que se presentara y ganara Sergio Marqués ¿se acuerdan?- y ahora, como digo, beneficiario de un inmerecido descanso en la cámara alta. Y, terminando con este intercambio de responsabilidades a cuatro, no hay que olvidar a Mercedes Fernández -precisamente delegada del gobierno español en Asturias en tiempos de Aznar- que encabezó la lista al congreso de los diputados y que muy probablemente será la presidenta del partido popular asturiano; puesto que va a dejar vacante Ovidio Sánchez. Como ven, es todo un pequeño juego de reparto de papeles entre pocos protagonistas.
Por lo menos, en la parte, digamos, amable del asunto. Porque también hubo otros protagonistas de este año trepidante que no corrieron igual suerte. En primer lugar, Isabel Pérez Espinosa, que de no haber salido del Ayuntamiento para ser la joven y prometedora candidata que iba a arrebatar la presidencia asturiana a Álvarez-Cascos (ustedes mismos) es muy probable que ahora fuera la alcaldesa en vez de Agustín Iglesias Caunedo (ustedes mismos también). Pero ya ven lo cruel que es la política: en vez de eso, la señora Espinosa se “quedó” en teórica portavoz de la oposición en el parlamento asturiano. Y digo teórica porque la oposición práctica la hace Gabino de Lorenzo -antes desde la alcaldía y ahora desde la delegación de gobierno- todo ello si nos atenemos a las declaraciones explícitas de los populares asturianos que, textualmente, esperan que De Lorenzo sea: "el contrapeso que haga frente a Cascos". Así es como están las cosas. ¿Y Pilar Fernández Pardo, la presidenta del PP gijonés? Pues ya ven: fue la que siempre y más duramente se enfrentó a Cascos mientras todos los anteriormente citados lo alababan y ahora que Cascos es “el peso que hay que contrapesar”, pues la señora Pardo tiene cada vez menos influencia. Extraño e implacable juego de premios y castigos.
Pero bueno, como decía, en este puzzle popular igual de interesante que las nuevas posiciones ocupadas son los huecos que se dejan. Y uno de los más llamativos es el de la propia Alcaldía de Oviedo. Solo el tiempo y, hablando claro, los tribunales van a permitirnos decidir la verdadera magnitud del legado del señor de Lorenzo al frente del consistorio. Pero lo que está claro, a corto plazo, es que su marcha despeja el camino del entendimiento entre las dos fuerzas más votadas de la ciudad: el propio PP y Foro. Y, una vez despejado esto, va a ser mucho más fácil encontrar argumentos para el acuerdo a nivel autonómico entre esas dos misma fuerzas: Foro y PP. Y es que, seguramente, esta sea una de las razones más evidentes y, a la vez más ocultas, de todos estos movimientos populares: las relaciones del PP con ese nuevo partido y ese nuevo presidente que no esperaban, que quisieron ningunear, pero que llegaron, ganaron unas elecciones y están aquí para quedarse. O, dicho en otras palabras: que los populares tienen que mover, no una, sino muchas fichas porque aquí nadie va a comer a nadie, nadie va a disolver a nadie, nadie va a fagocitar a nadie y, visto lo visto, lo único que se puede hacer con este adversario tan inesperado como existente es convivir con él.
Y, como mucho, contrapesarlo.
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